En el corazón de la Ciudad, donde la arquitectura de las antiguas “casas chorizo” aún respira, una propuesta abraza la identidad popular. “Biri Biri” es una cantina latinoamericana que no solo ofrece un menú diverso, sino que funciona como un receptáculo de memoria, arte y vínculos sociales.
Arquitectura con memoria y aires nuevos
Ubicada en una emblemática propiedad de la calle Rivadavia 680, esta “cantina cultural” fusiona el relato del exilio con la gastronomía callejera. La casa fue en los años 90 un estudio jurídico dedicado a la defensa de los Derechos Humanos y luego un centro cultural de referencia.
La intervención del espacio fue respetuosa. Bajo la premisa de que “la casa volviera a parecerse a sí misma”, se conservaron elementos identitarios como el zaguán de entrada, la fachada original y el patio central. Uno de los mayores logros fue recuperar la ventilación natural, eliminando las divisiones de la etapa de oficina para permitir que la estructura vuelva a “respirar”.



Una carta que recorre el continente
El hilo conductor de la propuesta culinaria es la comida callejera latinoamericana, reinterpretada con técnicas artesanales y una sensibilidad contemporánea.
Entre los hitos de la carta se destacan los tacos al pastor, el emblema de la casa elaborados con tortillas de maíz nixtamalizado y cerdo de cocción lenta; chaufa peruano (arroz frito al wok con salsa de soja, huevo, cebolla y carnes como pollo, cerdo o mariscos) y el clásico lomito argentino.
“Trabajamos con productos locales siempre que es posible, apoyando a productores de la región y manteniendo una propuesta simple, honesta y cercana”, explican desde la cantina.


Un negocio inclusivo
El local apuesta por un modelo de accesibilidad. “Mantener precios razonables fue una prioridad para que nadie quede afuera“, explican sus fundadores, un colectivo de amigos y familiares vinculados al arte.
Esta filosofía se traduce en la ausencia de cobro de entrada para sus espectáculos, permitiendo que artistas, estudiantes, turistas y trabajadores compartan el mismo espacio.
El diseño del servicio está pensado para romper la individualidad de las mesas. Mediante el uso de mesas comunitarias durante los shows y actividades dinámicas como trivias y noches de juegos, el local fomenta que desconocidos terminen compartiendo conversación y brindis, recuperando la esencia de la sobremesa larga y el “biri biri” (el arte de la charla distendida).
Con una programación de tres a cuatro eventos semanales que incluye DJ sets, música en vivo y ciclos de bartenders invitados, el espacio busca convertirse en un hub cultural en el centro mendocino. El local funciona todos los días, de 19 a 01.30 hs.
