El triunfo de Francia por 2 a 0 ante Marruecos metió al combinado de Didier Deschamps en las semifinales de la Copa del Mundo 2026, pero no estuvo exento de momentos de inquietud. La gran preocupación de la jornada en Boston se instaló cuando Kylian Mbappé encendió las luces de alerta en el banco de suplentes al tirarse en el césped y solicitar el cambio, sembrando la incertidumbre respecto a su condición física para el siguiente encuentro.
Terminado el partido, el propio capitán francés se encargó de llevar calma. “Estoy bien. Recibí un golpe en el tobillo, pero estoy bien”, aclaró el atacante ante los micrófonos, descartando una lesión de gravedad. Mbappé fundamentó su salida en una decisión táctica y física orientada a priorizar el rendimiento colectivo en el desenlace del juego: “Creo que en ese momento Jean-Philippe (Mateta) estaba más entero que yo para jugar los últimos quince minutos. Así que yo salí, él entró, y entró muy bien”.
Más allá de la victoria, el goleador se plantó con la mente fría y remarcó la necesidad de mantener la concentración de cara a lo que viene, esquivando cualquier tipo de relajación prematura. “No sé si es una misión, creo que es el término más fácil de usar. Pienso que nosotros somos conscientes de que solo hay una manera de relajarse y es ganando. Mientras no lo hayamos conseguido, no veo qué tiene de bueno relajarse. Estamos en semifinales, estamos muy contentos, pero todavía queda un largo camino“, evaluó con la madurez que lo caracteriza.
