Vacío generalizado y caída del interés por la vida; dos sentimientos que especialistas aseguran, merodean por las mentes de los adolescentes. Pensado para abordar problemáticas de salud mental en jóvenes, a principios de 2024 abrió El Faro; el primer y único centro de día que funciona en Mendoza.
De esta forma, los 12 profesionales que se desempeñan en este espacio siguen una misma premisa: escuchar lo que el chico tiene para decir y acompañarlo. Pero aquel abordaje tiene una característica que escapa a lo convencional; incluir lo artístico como medio para la recuperación.

Para ello, el centro ubicado en Beltrán, Maipú, ofrece un abordaje intensivo, en el que los chicos no son internados, pero asisten dos o tres veces por semana, según lo requieran.
Allí, además del tratamiento médico “tradicional”, se les ofrece talleres atravesados por lo artístico, lo cultural y lo deportivo. Los mismos pueden ser de arte, teatro, juego, fotografía, podcast, jardinería, laboratorio literario y educación física.
Un cambio de paradigma en salud mental adolescente
Lucas Simó, director de El Faro, expresó que el centro se inventa según lo que cada chico necesita. Así, el profesional explicó que previo a la apertura del espacio, debieron replantearse el tipo de tratamiento que se iba a brindar.
“La adherencia al tratamiento que se hizo en otras épocas ya no se está dando de la misma manera. Empezamos a preguntarnos por qué. Y si justamente el mundo ha cambiado tanto, nosotros también debíamos ofrecer otro tipo de cosas“, argumentó Simó en diálogo con El Sol.

Así, resaltó que muchas veces los chicos no quieren ir a un encuentro con un extraño o estar solos hablando de su malestar. Por eso, al tratarse de un dispositivo grupal en el que hay otros jóvenes atravesando dificultades similares, ellos logran sentirse más cómodos y entusiasmados en participar.
Por eso, es que se eligió el formato de talleres, que favorece la integración, la grupalidad y además, les da a los adolescentes la posibilidad de experimentar algo diferente.
“Lo artístico es una disposición del cuerpo que se pone para la creación, y que al mismo tiempo, permite cierta sublimación; donde, por ejemplo, si es tan insistente la idea de la muerte, se puede hacer algo con eso, sin poner el cuerpo por delante. Por ejemplo, lo puedo pintar, lo puede escribir“, relató el director de El Faro.
Abordaje transversal
“En la interdisciplina en algún punto cada uno hace lo suyo”, dice Simó. Así, los psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales trabajan en conjunto, de manera transversal. Es decir, todos conocen sobre el tratamiento y abordaje de cada paciente, para dar respuesta en caso de que sea necesario.




“Los pacientes no son del psicólogo, no son de psiquiatría, no son de trabajo social, son de la institución. Todo el equipo interviene constantemente con ellos. Estamos todo el tiempo todos juntos, yo digo que no estamos fragmentados. Hasta que se van, todo el equipo está trabajando con ellos” explicó el profesional.
Por su parte, si bien los 12 profesionales que integran en el equipo no están juntos los cinco días de la semana, los días viernes todos se reúnen para hacer un análisis y establecer cómo seguir.
“Está piola el lugar, me gusta mucho venir”
Luz tiene 17 años y asiste a El Faro desde abril de este año. La joven que tiene como hobby la escritura, afirma que para ella, el centro es su lugar de distracción.
“Me gusta mucho, me siento bien. Está piola el lugar. Cada día me gusta más venir, me distraigo mucho. Me siento mejor desde que vengo acá”, contó la adolescente a El Sol.

Consultada por qué significa la salud mental para ella, Luz expresó que la misma es cuidado, respeto, amor y empatía.


“Te puede decir lo que no significa. No significa una pichicata y a dormir. No significa un puchito o una pastillita y a dormir. Significa cuidado, respeto, amor, compasión y mucha empatía. Por más que parezca que no, todo pasa. En algún momento todos llegamos a estar bien. Nada es para siempre“, reflexionó la menor.
El balance de su funcionamiento
Actualmente, son 32 los chicos que asisten a El Faro. En su mayoría, han atravesado al menos una internación, y llegan derivados de hospitales generales.
Además, entre las problemáticas predominantes, están los intentos de suicidio y el consumo de sustancias, que empieza a los 11 o 12 años.

“La adolescencia siempre hace síntomas, siempre es disruptiva. Pero acá estamos hablando de otra cosa. Hay una especie de nihilismo, un vacío generalizado, una caída estrepitosa del interés por la vida. Aflora un malestar que ha tomado mucho el cuerpo, que eso antes no se veía. La problemática tan temprana en relación a los consumos es muy compleja“, analizó Simó.
Sin embargo, frente a un complejo panorama y a menos de un año de su apertura, el director del centro se mostró conforme con lo logrado hasta el momento.

“Me baso en el decir de ellos y muchos nos han dicho que finalmente han encontrado como su lugar en el mundo. Jóvenes que a lo largo de un año tenían reiteradas internaciones y ahora no están internados, que tienen un tratamiento ambulatorio, que han podido volver a la escuela, que han podido hacerse amigos“, puntualizó.
Y concluyó: “Se necesitan espacios como estos. Acá no es simplemente servirles un desayuno, sino sentarse al lado e interesarse por las cosas que le pasan. Me parece muy importante reconocer los efectos que tiene para los jóvenes que otro esté ahí donde se supone que no hay nadie, que se invente una figura amable para que los acompañe en un tránsito que es de lo más delicado de la vida“.
