Pablo Manzano tiene 56 años y cada mañana alimenta a unos 20 gorriones en una playa de estacionamiento en Ciudad.

Con calma y sin prisa va cortando los trozos de tortita mientras se ceba unos mates y las aves lo esperan en fila.

“En verano, a eso de las 7.30, me han seguido hasta la panadería”, indicó el hombre, y dijo que es “creer o reventar”.

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Si bien tiene la propiedad en calle Rioja, entre Garibaldi y Alem, desde 1989, hace 12 años inició un vínculo con los emplumados que viven en el lugar.

“Una vez se me cayó un pedazo de pan y uno se acercó. Después vinieron los demás”, contó.

Pablo aseguró que los animales conocen sus horarios y que, incluso, todos los días, una pajarita viene a buscar sus migajas en forma solitaria. Otro, en tanto, le hace vuelo rasante por la cabeza cuando se retrasa.