Marcelo D’Agostino presentó este viernes su “renuncia indeclinable” como subsecretario de Justicia de Mendoza. Fue luego de que se conociera una denuncia penal en su contra por abuso sexual y violencia de género, realizada por una ex pareja.
La denuncia presentada ante la Justicia no se limita a episodios aislados, sino que plantea la existencia de un “patrón sistemático de violencia de género” sostenido durante varios años.
Según la presentación, los hechos se habrían desarrollado entre 2021 y 2024, con situaciones de hostigamiento que se prolongaron incluso hasta fines de 2025, en un vínculo atravesado por una marcada “asimetría de poder, el control y la progresiva anulación de la autonomía de la víctima”.
De acuerdo al relato, la relación entre la denunciante y el entonces funcionario comenzó en 2018 en un plano laboral. Tras un distanciamiento inicial, el contacto se retomó en 2020 de manera insistente, y en 2021 se inició una relación afectiva.
Entre las primeras conductas denunciadas aparecen mecanismos de control sobre la vida personal de la víctima, como la exigencia de “acceso a mi celular”, episodios de gritos e invasión de su espacio. También describe que D’Agostino “golpeaba mesas y objetos para generar miedo”.
En el extenso escrito se mencionan situaciones de humillación, como expulsiones del domicilio en horas de la madrugada, “alrededor de las 4”, dejándola a pie, y la destrucción de objetos personales en episodios de ira, incluyendo el celular de su hijo.
Uno de los ejes centrales de la denuncia es la supuesta utilización del cargo público por parte de D’Agostino para generar temor. Según el relato, el exfuncionario hacía alarde de sus vínculos políticos y judiciales, se presentaba como “intocable” y advertía que podía influir “sobre la Policía”, el sistema judicial e incluso cámaras de seguridad.
La presentación incluye además acusaciones de “conductas sexuales denigrantes”, en las que el denunciado habría obligado a la víctima a presenciar material íntimo propio y de terceros. Estas situaciones, siempre según la denuncia, se enmarcaban en una lógica de demostración de poder y control, lo que “se transformó para mí en un mecanismo directo de control y humillación”.
El escrito detalla episodios de violencia física, tanto en Argentina como en el exterior. Uno de los hechos señalados ocurrió durante un viaje a Italia en 2023, donde la víctima habría sufrido golpes con lesiones visibles. Además, se describen agresiones reiteradas que dejaron marcas en distintas partes del cuerpo, algunas de las cuales habrían sido advertidas por terceros.
En la etapa final de la relación, la denuncia incorpora el señalamiento de abuso sexual con acceso carnal. Según el relato, el exfuncionario habría iniciado actos sexuales sin consentimiento y, en un episodio puntual ocurrido a comienzos de 2024, tras amenazas y una agresión física, habría obligado a la víctima a mantener relaciones sexuales sin protección pese a su negativa.
La presentación concluye que los hechos configuran un ciclo de violencia progresiva, con escaladas en la gravedad de las conductas.
Además, menciona el “uso de un arma de fuego como elemento de amedrentamiento” y dificultades para acceder a representación legal, ya que “varios” abogados “me manifestaron que no podían representarme por temor a represalias profesionales”.
