Mendoza se ha poblado de tiendas de ropa que ofrecen un precio privilegiado si se compra “al por mayor”: dos o tres prendas y sin poder probarlas, en la mayoría de los casos, es el requerimiento para acceder a precios bajos.

Mientras que los clásicos negocios van falleciendo de la mano de la crisis, las tiendas tipo “La Salada” se van multiplicando por todas partes.

Pero ante esta nueva tendencia del centro comercial mendocino, surge el malestar de los negocios “clásicos”, que ven a estos nuevos comercios mayoristas/minoristas como una competencia desleal. Apuntan que nadie los controla, que no pagan impuestos porque no emiten facturas y hasta que invierten un capital de dudosa procedencia.

Experiencias

Entre la gente que compra en el centro y fue consultada al respecto, hay opiniones divididas. En general, para las personas más jóvenes, estos locales al estilo del Once porteño son una gran solución para comprar a mejores precios. Otro grupo ha tenido experiencias poco agradables con la calidad y con la transparencia fiscal en las compras que realizaron. Y otro tanto anhela “el centro como era antes” cuando se podía conseguir ropa de marcas que ya no existen en Mendoza.

Laura Tello, mamá de cinco hijos, señaló que es cliente frecuente del centro y las tiendas “mayoristas” le ofrecen una solución: “Ayudan un montón porque en mi caso somos tres mujeres (mamá y dos hijas), y allí podemos comprar tres prendas al precio por mayor y conviene mucho porque valen casi la mitad que al por menor. En algunos casos hay cosas de buena calidad y en otros la verdad que no. Hay que buscar”.

Para Ana Luchessi, jubilada, el centro “se ha convertido en un persa gigante. No me gusta que se haya llenado de esas tiendas. Me gusta comprar cosas de marca, ropa linda y para eso no te queda otra que ir a los centros comerciales”.

Pero también cuestionó con un tema impositivo. “Que no te den factura no me gusta para nada. ¿Qué sabemos de dónde sale esa ropa ? ¿Porqué no te dan factura? Tienen la ropa barata pero obvio, si no facturan, la pueden vender a esos precios”, agregó Ana.

Antonella es profesora de lengua y miraba una vidriera al ser consultada por El Sol: “No me gusta ver el centro con todas estas tiendas así, no hay calidad, se consigue poco y nada de marca. Uno elige obviamente, pero yo tengo que pagar lo que compro, les doy mi plata y estos negocios no te dan ningún tipo de comprobante. ¿Porqué se lo permiten?”.

Jorgelina Gómez, empleada municipal, destacó el beneficio por el lado del ahorro: “Hace mucho que no me compro ropa, pero sí me parece bueno comprar al por mayor con alguna amiga para tener un mejor precio. Es una buena alternativa para ahorrar”.

Para Mariana Muñoz, empleada bancaria, la calidad de la ropa y el hecho de poder probarse las prendas son importantes a la hora de comprar: “No compro en ese tipo de negocios al por mayor por una cuestión de que no me gusta lo que venden. Cuando entré a ese tipo de locales no me dejaron medirme la ropa y eso no me gusta. No debería ser así por una cuestión de protección al consumidor”.

“No tienen todos los talles, venden todo talle único… ¿y la ley de talles? Ahí no consigo nada porque soy grandota. Prefiero ir a un local que paga impuestos y aunque que salga un poco más caro, valoro el esfuerzo que hacen para estar en regla. No está bueno lo que hacen. Elijo la calidad, la atención y el confort que me brindan otro tipo de comercios” agregó Mariana.

Mariana Zagaglia, administrativa de un colegio, relató que ha comprado varias veces con esta modalidad, pero remarcó que nunca le dieron una factura de compra: “He comprado y he tenido buenas y malas experiencias. La ropa más cara zafa, pero la más barata se te achica al primer lavado. He optado por comprar dos prendas sin medirme y pagar el precio por mayor. En Lavalle también compro en una tienda de este estilo, pero allá me dejan medirme la ropa. En ninguno de los casos me dieron factura“.

“Son una competencia desleal”

Pero claro, con la multiplicación de este tipo de comercios otros más tradicionales se han visto perjudicados y las críticas no son pocas. 

“Porque yo me rompo el lomo hace 15 años para mantener mi negocio abierto haciéndole frente a montonazo de impuestos. Ellos no facturan, nadie los controla, por eso pueden vender a esos precios”, contó Jorge, dueño de un local de la galería Kolton.

Marisa tiene un comercio de muchos años en galería Caracol y su opinión fue idéntica: “Nos han quitado muchos clientes porque ofrecen precios que para los que pagamos impuestos y tenemos todo en regla, son imposibles de ofrecer. Si yo me demoro en pagar algo, encima tengo que pagar intereses, pero estos negocios nuevos venden sin facturar nada y nadie los controla“.

Natalia Lombardo vende ropa deportiva y se sumó a las opiniones “He notado que cada vez estamos más rodeados de esos negocios de ropa de `bajo´ costo, hay que buscar mucho para encontrar algo de calidad y buen gusto”.

“Cada vez es más difícil encontrar variedad y calidad en tiendas, porque estás están copando el centro y ofrecen lo mismo todas. Si analizas precio-calidad, no resultan tan convenientes. La verdad es que no se sabe la procedencia de la ropa sin marca, porque no te dan una factura…y tampoco ofrecen cuotas o pagos formales porque es todo efectivo. Imagino que son grandes empresarios por la cantidad de locales de los mismos dueños, pero de dudosa procedencia al estar pocos regulados `negreando´ ventas” agregó.

Anita García estudia para Contador Público, y tiene un pequeño local de estética de uñas. Ella coincide en que “está lleno el centro de estos locales mayoristas. Pero por ahí depende del lugar la calidad de la ropa. Yo sólo compro en dos locales mayoristas que es del mismo dueño, porque sé que es buena la calidad. Al resto le tengo desconfianza“.