La mitad de las personas que trabajaban en el El Pozo ha conseguido empleo en otro lugar, son unas cien. Pero, también, todos los días aparece gente nueva por el basural ya que, mientras exista, habrá alguien que irá a cirujear. Algunos seguirán yendo para tratar de ganarse unos pesos y otros pasarán de vez en cuando, buscando algo que les sirva para vestirse o comer.
“Creo que les dio vergüenza que yo dijera que nosotros comíamos las cosas que encontrábamos en El Pozo, que es verdad; sí, muchas veces sacamos de ahí para comer. Y se pusieron a llorar y me dijeron que yo tenía que ser delegada”, contó Fany Mabel Rosales, mamá de cinco hijos, de 39 años y 20 trabajando en El Pozo, un basural a cielo abierto que está a 500 metros del Corredor del Oeste, en Godoy Cruz, al inicio del piedemonte.
El Sanjua, Orlando González, de 53 años, es otro de los delegados de El Pozo, lugar donde aún unas cien personas asisten para recuperar algo de papel, cartón, vidrio, metales, plástico, etcétera. Fany y el Sanjua son dos de los doce delegados que hay en El Pozo, quienes organizan las diferentes tareas que hay en este basural y debieron asumir una responsabilidad mayor como condición para que el Gobierno provincial y el Municipio empezaran a canalizar a través de ellos las primeras soluciones para cientos de familias que viven de lo que otros descartan.
“Un buen camión son unos 200 o 300 pesos y tenés que laburar como unas 10 horas, pero tenés que saber que siempre lo mejor se lo llevan los del servicio público de Godoy Cruz. Sacan los cartones grandes, cajas grandes con botellas, sobre todo, de las zonas buenas, como puede ser la San Martín Sur, donde hay salones de fiestas y boliches, o de Palmares”, cuenta el Sanjua, quien tiene 7 hijos y hace 35 años que alterna su oficio de albañil con las idas casi diarias a El Pozo.
El Pozo es uno de los mayores basurales de Mendoza, donde entran unos cien camiones diarios con desperdicios y desechos de miles de godoicruceños, un sitio que existe hace tres décadas y que creció exponencialmente luego que se construyera una serie de barrios que fueron levantados luego del terremoto de 1985.
El Gobierno provincial se ha propuesto cerrar El Pozo y ha comenzado desde hace poco más de un año una tarea en la que acompaña el Municipio de Godoy Cruz. El objetivo es ayudar a que los que basurean lo dejen de hacer y consigan un trabajo que los dignifique. Ademas, entre otras metas que se han trazado –algunas ya se ha materializado– es llevar mejores servicios de salud, educación, transporte, infraestructura y esparcimiento, por nombrar algunas de las cosas que han comenzado a cambiar en este lugar.
“Lo que se ve es que, cuando quieren hacer las cosas bien, juntos se puede; o sea, los políticos pueden juntarse y hacer las cosas bien y lo podrían hacer para otras cosas y mejorar. De eso nos hemos dado cuenta, pero podrían hacerlo más y en otras cosas que no sea El Pozo”, comenta Fany, quien se expresa con aire imperativo y sugerente hacia la clase dirigente, como diciendo: “Que no jodan, sí pueden”.
Hay un pacto no escrito entre el gobierno que conduce el justicialista Francisco Pérez y el radical Alfredo Cornejo, el jefe del Ejecutivo provincial y el intendente de Godoy Cruz, respectivamente, y ese acuerdo es no hacer política con la gente de allí. Es un lugar como neutral en ese aspecto, aunque cueste no ser parcial a la hora de definir lo que es vivir entre y para la basura.
“La confianza costó mucho, digamos que todavía cuesta. No les creíamos cuando vinieron las primeras veces. Sabíamos que querían cerrar el basural, y en parte nos empezamos a juntar más porque teníamos miedo de quedarnos sin trabajo. Pero nos sorprendieron cuando nos dijeron: ‘Qué necesitan’. Y les dijimos, trabajo, eso necesitamos. Imaginen que nos preguntaron si queríamos una casa y les dijimos: “Para qué una casa si no la vamos a poder pagar. Primero queremos un trabajo y, luego, todo lo que sea”, señala el Sanjua.
“El gobernador vino por primera vez y nos sorprendió, ya que no nos impusieron nada, no es que no nos dijeron qué querían hacer, nos preguntaron qué necesitábamos y que nos teníamos que juntar y empezar a organizarnos para mejorar, y eso me gustó”, explica el Sanjua.
De esta forma, el delegado explicó cómo fue la primera reunión de Gabinete que realizó Pérez apenas asumió en su cargo, y que fue realizada en El Pozo como demostración de cómo entendía lo que el Estado debe transformar.
