Cuando las temperaturas comienzan a elevarse, los mendocinos eligen pasar el día en el río. Allí comen un rico asado o disfrutan de la tarde, tomando mate. Muchos son cuidadosos y, al retirarse, se llevan los residuos. Pero otros, no sólo no limpian lo que ensuciaron, sino que arrojan todo a los cauces.

En el 2012, Irrigación hizo un cálculo de la cantidad de basura que retira del agua y descubrió que podía llenar tres estadios Malvinas Argentinas. Con la crisis hídrica, este problema se incrementa y lleva a que la contaminación sea aún más peligrosa para la población. Por ello se están implementando campañas de concientización en las escuelas y aplicando multas de hasta tres millones de pesos a las empresas.

Entre los desechos de los cauces se pueden encontrar toneladas de botellas de plástico, pañales, muebles viejos, puertas, restos de autos, colchones y animales muertos. Los perjudicados son todos los mendocinos, aunque quienes lo sienten a diario son los lavallinos, que deben tomarse el trabajo de retirar la basura para regar sus plantaciones.

“Nosotros estamos al fondo del Cacique Guaymallén. El agua que nos llega atravesó todo el Gran Mendoza, prácticamente. Esa agua azul que vemos en el dique Potrerillos, a nosotros nos llega con todo el arrastre de la ciudad; por lo tanto, su color es completamente marrón”, comentó Ignacio Ruiz, inspector de Irrigación en Lavalle, donde proveen de agua a 1.600 hectáreas, que pertenecen a 200 usuarios.

 

Según explicó el hombre, el sistema de riego intrafinca sigue siendo muy arcaico en muchas zonas, debido a la falta de recursos económicos, y toda la basura que arrastra el cacique Guaymallén termina significando un dolor de cabeza para los regantes de ese departamento ubicado al norte de la provincia.

“Hasta una bolsita pequeña nos perjudica. Nosotros limpiamos a diario, y los mismos regantes nos ayudan a mantener la limpieza. Pero a veces es tanta la basura, que les termina demandando un doble trabajo”, detalló Ruiz.

José Luis Álvarez, superintendente de Irrigación, explicó que la basura concentrada perjudica la distribución del agua y que, debido a la crisis hídrica, la situación es aún peor. “Mientras no hay agua en los canales, la gente sigue tirando basura. Cuando el agua corre, arrastra todo eso y se terminan desbordando los cauces. Esto, también, hace tapones en algunos sectores, y el agua no llega adonde tendría que llegar”, agregó el funcionario.

Además, acotó que el agua tiene un efecto de dilución sobre los contaminantes: si pasa menos agua, los contaminantes aumentan. “Cuando tenemos una emergencia hídrica, el agua no nos ayuda con la inoculación. Actualmente, los emprendimientos inmobiliarios que se hacen sin cloacas y muchos otros avances edilicios terminan contaminando el agua, sobre todo, los que están en las zonas de vertientes como Los Corralitos. Los líquidos de pozo séptico terminan saliendo a los canales”, dijo Álvarez.

 

También dijo que desde el 2012 hasta ahora han logrado reducir en 25 por ciento la cantidad de basura que retiran de los ríos y canales. El superintendente atribuye esto a una intensa campaña de concientización que están haciendo en las escuelas y a algunas multas considerables que han impuesto a diferentes privados.

“No queremos ser la policía del sistema pero, lamentablemente, tenemos que tomar esa actitud. Hicimos un muestreo en 500 industrias y vimos que 80% estaba con los parámetros fuera de lo permitido. Así es que hemos decidido salir a inspeccionar a todas y cada unas de las empresas que hay en la provincia, y si encontramos alguna que contamina, aplicaremos multas y, de ser necesario, llegaremos hasta la clausura”, dijo Álvarez.

Las multas varían según el grado de contaminación y la cercanía de los puntos de potabilización, y van desde 20 mil pesos hasta tres millones de pesos.