Alfredo Cornejo y Javier Milei.

“Siempre le tengo un poquito de temor a las elecciones de medio término, porque meten un ruido en el medio de la gestión”. La frase pertenece al gobernador Alfredo Cornejo y trasciende los límites de Mendoza. También resume el clima político que atravesó al país en la antesala de los comicios legislativos de este domingo, donde las urnas funcionarán como un plebiscito sobre los dos primeros años del Gobierno de Javier Milei.

En Mendoza se eligen cinco diputados nacionales. Compiten ocho frentes en una elección que, según las encuestas, aparece claramente polarizada. Las dudas sobre la irrupción de una tercera fuerza se disiparán recién cuando se abran las urnas.

Además, se renueva la mitad de cada cámara legislativa local (19 senadores y 24 diputados, por distrito electoral), donde también se presentan ocho frentes.  

En tanto, en 12 de los 18 municipios (Lavalle, Las Heras, Ciudad, Guaymallén, Godoy Cruz, San Martín, Junín, Tunuyán, Tupungato, San Carlos, General Alvear y Malargüe) se elegirán concejales.  

Entre el hartazgo y la incertidumbre  

En un clima de malestar, polarización y desconfianza, este domingo se renovarán 127 bancas en Diputados y 24 en el Senado de la Nación, lo que definirá la correlación de fuerzas en el Congreso para los dos años restantes del mandato.

Se trata de una elección legislativa intermedia que terminó convertida en un plebiscito sobre la gestión libertaria, atravesado por consignas que sustituyen los proyectos. En lugar de discutir ideas, la campaña quedó atrapada en un intercambio de eslóganes: “Sepultar al kirchnerismo” y “Frenar a Milei”.  

El presidente, que asumió con una representación parlamentaria reducida, necesita ampliar su base para sostener el programa de desregulación y recorte del gasto público.

En contrapartida, la oposición -particularmente el peronismo– intenta capitalizar el desgaste social sin haber logrado construir una propuesta común. En el mismo terreno se mueve un grupo de gobernadores que ensayan una liga federal bajo el sello de Provincias Unidas, sin ofrecer un plan productivo ni una estrategia nacional.

Apatía y dudas 

La apatía domina el escenario y la participación es una de las grandes incógnitas. La eliminación de las PASO y la incorporación de la boleta única en papel alteraron la competencia interna y dejaron en evidencia un electorado cada vez más desmotivado.

En recientes elecciones provinciales, el voto en blanco, el nulo y la abstención crecieron como formas de bronca y protesta.

El resultado del domingo tendrá impacto directo en la estabilidad del Gobierno. Una victoria oficialista legitimaría la continuidad del ajuste y aceleraría las reformas estructurales; una derrota, por su parte, paralizaría la agenda presidencial y abriría un periodo de tensión institucional; un Congreso fragmentado obligaría a negociar cada ley, con los gobernadores como actores decisivos en la búsqueda de mayorías.

En ese clima, la elección del domingo deja de ser una simple renovación legislativa y se convierte en una pulseada por el futuro inmediato: si el país profundiza el ajuste, lo frena o se paraliza en la polarización.  

“Todas las elecciones legislativas han funcionado históricamente como un plebiscito de gestión. No se vota por una persona, sino por un rumbo. En esta oportunidad, los mendocinos tendremos la posibilidad de evaluar la gestión provincial y la nacional al mismo tiempo, porque ambas están ligadas al futuro del país”, expresó Cornejo.  

La frase sintetiza el ánimo con el que llega el electorado argentino en general, y mendocino en particular: entre la evaluación de gestiones y la incertidumbre sobre el rumbo nacional.