El silencio de El Algarrobal solamente se ve interrumpido por el ruido de los vehículos que circulan por la ruta provincial 28, la cual este miércoles fue escenario de un trágico accidente que se cobró la vida de dos niñas. Brisa y Carolina salían de la Escuela Luis Candelaria rumbo a su casa, pero en el trayecto fueron atropelladas por uno de los colectivos que frecuentemente las trasladaba hacia su hogar.

Los vecinos y familiares aún no comprenden lo que pasó. A diferencia de otros días, Brisa y Carolina no llegaron a la casa que habitaban junto a sus abuelos y otros seis hermanos en el callejón Rivas.

La ruta provincial 28 fue el lugar donde se produjo el accidente.

Las niñas eran curiosas, alegres e inseparables. La muerte las encontró así, de la mano, y cruzando la calle a unos metros de la escuela primaria a la que asistían.

El trayecto diario que hacían es complejo: la ruta 28 tiene curvas y contracurvas en la zona; dos carteles que indican una velocidad máxima de 20 y 40 kilómetros por hora; banquinas casi inexistentes y riesgo evidente. En esas condiciones, la posibilidad de una nueva tragedia es palpable, a cada hora y más durante la entrada y la salida del colegio de la zona. En el lugar transitan vehículos a alta velocidad por la calzada, muy cerca del espacio que utilizan los 500 niños de la Escuela Luis Candelaria y los casi 300 estudiantes de la secundaria Algarrobal de Abajo para llegar a las paradas de colectivos.

Foto: Andrea Ginestar

Brisa tenía 10 y Carolina 13, ambas vivían junto a sus hermanos de 2, 3, 6, 14, 15 y 18 años y a sus abuelos maternos, quienes tenían la tutela legal desde hace poco más de dos años. “No entiendo por qué Dios nos arrancó a las dos. Eran mi compañía y hasta el último momento fueron inseparables”, expresó visiblemente conmovida Beatriz, abuela de las víctimas. A menos de 24 horas del accidente, la familia se reúne en la casa ubicada en el callejón Rivas junto a vecinos y amigos que los acompañan en este momento.

“Mi marido fue a reconocer los cuerpos. Estamos esperando que nos los entreguen para poder velarlas acá en casa. No podré verlas porque será a cajón cerrado”, agregó la mujer de 62 años mientras era contenida por una de las vecinas.

La vivienda que compartían junto a su familia es el lugar elegido para velar los restos de las niñas. Foto: Andrea Ginestar Credit: Andrea Ginestar

A diferencia de otros días, los niños de la zona no juegan ni corren por la zona. No hay mochilas y los colectivos vienen casi vacíos ya que se decretó un día de duelo por la muerte de las niñas. Las risas le dieron paso al silencio, solo hay miradas y alguna anécdota o recuerdo de algo compartido que permite que alguno de los hermanitos esboce una sonrisa tímida. “Mis hermanitas eran buenas y humildes, me hacían compañía, las voy a extrañar. Les gustaba ir a comprar de la mano”, contó uno de ellos.

Brisa y Carolina eran las únicas hijas de Juan Armando, un hombre de 53 años que trabaja en los hornos de ladrillo y recién hace dos años pudo retomar el contacto con ellas. “Mi ciclo terminó, solo me queda llevar flores a un cementerio. No sé que voy a hacer. Brisa era muy traviesa y Carolina más madura, les gustaba ir a los persas y comer salchipapas. Los jueguitos de las motos eran sus preferidos”, dijo inmerso en nostalgia y agregó: “Les gustaba andar de la mano, hacían travesuras pero eran muy educadas y cariñosas. Solo las miraba y se calmaban. Brisa era muy alegre y Carolina más señorita”.

Los mensajes que se enviaban en horas de la tarde quedaron atrás, al igual que los martes y fines de semana que compartían los tres. “Les regalé un celular para que pudieran mandarme mensajitos y tener más contacto con ellas, pero ahora solo me quedan esos recuerdos”, finalizó Juan.

El callejón donde jugaban las hermanas

Pedido solidario

Las docentes de la Escuela Luis Candelaria solicitaron la colaboración de la comunidad para acompañar a la familia de Brisa y Carolina.

Qué sucederá en la escuela

Desde la Dirección de Acompañamiento Escolar confirmaron que se realizará una jornada de contención para docentes y personal de la Escuela Luis Candelaria donde asistían las niñas.

Credit: Andrea Ginestar

“Nos ocupamos de los chicos que estaban arriba del colectivo, el mismo colectivo donde iban estas nenas. Articulamos con la gente del hospital Carrillo, del área de salud mental, para que tengan prioridad al igual que los familiares de las niñas”, destacó Carina Gannam, directora de Acompañamiento Escolar

“La situación ha sido de inmensa conmoción y necesitamos hacer una asistencia para ver cómo pueden elaborar ese momento”, agregó.