Guadalupe “Lupe” Campoy tiene 48 años, 4 hijos y decidió aprovechar un pasaje que le regalaron a Europa para recorrer Inglaterra en bicicleta. En 25 días visitó 17 pueblos a puro pedal.
En su viaje no fue todo color de rosas, las tarjetas de créditos argentinas no le funcionaron, al tercer día la atropelló una tráffic y a punto de finalizar su excursión, en la ciudad de Bristol, le robaron su medio de transporte.
Lupe es profesora de Lengua y Cultura Inglesa, hace montañismo y sus hijos Matthew (26), Andrew (22), Fiona (18) y James (13) ya están acostumbrados a que su mamá “se meta en cosas extremas” y le pasen cosas en medio.
“Hace un tiempo, después de un accidente que tuve en la montaña, Andrew me dijo ‘Mamá, en algún momento tenés que parar’ … Claramente, no le hice caso”, relató la mujer.
La idea de hacer este viaje surgió hace poco. “No es algo que haya querido hacer toda mi vida. En Mendoza hago montañismo hace varios años, y siempre estoy buscando desafíos nuevos, sobre todo en lo deportivo. No soy ‘la gran deportista’, pero sí la más intrépida y arriesgada de mi familia”, contó.
Y agregó: “Elegí Reino Unido porque es un país seguro, ordenado, donde absolutamente todo funciona, y porque, además, es un país que conozco bien. Cosas que a nosotros nos parecen imposibles, para ellos es algo de todos los días. Y no me decepcionó. A su vez, en Gran Bretaña hay una red ciclística nacional muy completa, que une todo el país”.

Una vida en dos alforjas
El 18 de julio volvió a Londres después de 13 años. El termómetro marcaba 37ºC y la ciudad estaba en alerta roja. Sin dormir, se bajó del avión, alquiló una bicicleta que se adaptara a su propósito. Una Trek Hybrid, un rodado on/off road, apta para senderos, huellas y asfalto.
“Es tan liviana que vuela en el cemento, realmente”, describió.
Y es que llevar una desde Argentina le costaba unos 400 dólares ida y vuelta y corría el riesgo de que no arribara a destino.
En dos alforjas laterales colocó lo mínimo de ropa: dos calzas y dos remeras. En una frontal puso herramientas y snacks. Además de cortavientos impermeable, un par abrigos, elementos personales de higiene, protector solar, unas ollas con una pequeña garrafa para cocinar o calentar comida, las luces para la bici, el casco, cámara de repuesto, carpa, bolsa de dormir, colchoneta de espuma para poner debajo de la bolsa y un set mínimo de primeros auxilios.

El entrenamiento
Como Lupe hace montañismo, la preparación le resultó más fácil. Aparte de eso, desde hace un año, hace entrenamiento de fuerza y un mes y medio antes del viaje empezó a meter kilómetros en bicicleta.
Una nutricionista la ayudó a armar un plan proteico para cuidar su alimentación.
“La montaña también me ha entrenado mucho la cabeza, porque son horas y horas de caminar, y cuando haces expediciones largas, son días tras días en los que si la cabeza te juega en contra, te tenés que bajar. Lo mismo me pasó con la bicicleta: pedaleé entre 8 y 12 horas diarias, y realmente llega un momento en que no querés más”.
Otra cosa que le sirvió es saber armar y desarmar su carpa rápidamente en condiciones climáticas adversas, como viento o lluvia. “Tuve suerte porque llovió muy poco”, afirmó.

12 horas de pedaleo
Si bien el viaje lo planeó con anticipación, entendió en el camino que tenía que empezar a relajar.
“Conocí un par de ciclistas que metían 100-120 km por día, yo no tengo tanta ‘polenta’ así que decidí de antemano meter entre 60-80 km por día. Pero resulta que Gran Bretaña tiene un relieve difícil porque hay mucha colina empinada, y la verdad que con el peso de la bici más los casi 20 kilos en las alforjas, ¡casi me muero! Había pensado pedalear todo el día, llegar a los campings, dormir y salir de nuevo al día siguiente, así, como una ‘máquina de pedalear’”, dijo.
Y agregó: “Después me di cuenta de que estaba compitiendo contra nadie y que me iba a perder recorridos hermosos por el solo afán de meter kilómetros. Así que alterné día de pedaleo intenso – entre 8 y 12 horas- con día de recorrido de pueblos”.
La suba del dólar y aprender a gastar lo mínimo
Lupe señaló que los pasajes se lo regalaron, si no, realizar esta experiencia en este contexto del país hubiese resultado imposible.
Encima, dos días antes de su partida, el dólar se disparó, el blue llegó a $350 y aumentaron los porcentajes para los gastos en el exterior con tarjeta.
“De todas maneras yo tenía dinero ahorrado, así que llevaba efectivo para no tener que usar ninguna tarjeta, que dicho sea de paso, no funcionó ninguna: estaban todas bloqueadas a pesar de haber hecho los avisos en los bancos”, dijo.
Debido a esto, no se pudo confiar y tuvo que ordenar muy bien los gastos de dinero. Solo pagó campings, que le resultaron muy económicos y en la comida del día. “Parece mentira, pero el dinero allá rinde un montón”, reconoció.
“Dormí en campings todo el viaje, excepto en Londres que paré en un hostel muy divertido. En Inglaterra hay granjas por todas partes, el campo es muy fuerte allá, y muchas destinan parte de sus espacios para instalar hospedajes hermosos, con baños, duchas, y algunos con sector de lavandería. También te permiten hacer fuego a la noche así que es muy lindo”, graficó.

Las dificultades
Lupe quedó sorprendida de “lo bien que funciona todo” en Gran Bretaña. “Me impresiona también cómo rinde la plata; hay inflación, hay pobreza, pero es mínima; la gente vive feliz, puede pagar sus gastos y le alcanza para tener casa, auto, vacaciones de todo tipo, educación, vestimenta, supermercado, lo que se te ocurra. Y ni hablar del campo, está que explota de producción; tienen unas maquinarias y unos recursos impresionantes, eso me impactó mucho, refirió.
“Encaré este viaje totalmente sola y, sin embargo, todo se me hizo muy fácil. Me asombra cómo en un país en él conviven tantas razas diferentes, con culturas tan distintas, no percibí ideologías extremas ni intolerancias. Al contrario: cada uno hace lo que tiene que hacer, y lo hace bien, y así logran que el país funcione. Creo que eso es por la educación increíble que tienen, el sistema educativo es muy fuerte”, se admiró.
En este contexto relató que, además del problema de las tarjetas, al tercer día del recorrido la atropelló una traffic haciendo marcha atrás y la mandaron a un hospital público, donde pasó un día entero. “Me atendieron de diez”, agradeció.
Otro batacazo lo recibió dos días del final la travesía. “Me robaron la bici en la ciudad de Bristol y me quedaron un par de lugares sin visitar. Pero por suerte eso pasó al final y no al principio. Así y todo, el viaje fue perfecto, porque es tanto lo que sí funciona bien que cuando hay dificultades realmente no son importantes”.
