Noviembre y diciembre fueron meses que se caracterizaron por el calor agobiante y la inestabilidad. Este fenómeno, generado por el ingreso de una masa de aire cálido y húmedo hizo que, entre noviembre y lo que va de diciembre, las precipitaciones registradas superaran la media prevista durante la época.

“Estos últimos meses se han presentado más lluviosos que lo normal. Según la estación meteorológica del Aeropuerto de Mendoza, entre noviembre y este mes ha llovido 85 milímetros, es decir, 93% por encima de lo normal, que es 44 milímetros”, aseguró Maximiliano Viale, investigador en Ciencias Atmosféricas del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla) del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

El profesional agregó: “Lo normal de la época es que llueva 8,5 días. Sin embargo, en estos dos meses hubo 14 días de precipitaciones producto de la inestabilidad reinante”, expresó.

Frente a este , surge el interrogante acerca de si este aumento de las precipitaciones podría ayudar a disminuir la crisis hídrica que se encuentra en Mendoza, cuyos principales ríos presentan sequía severa.

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“El concepto de juntar el agua de lluvia, como se hace en algunos lugares del mundo, en Mendoza es muy difícil y antieconómico porque las tormentas, generalmente, se producen en verano y se concentran en pocas áreas del territorio, por lo que abarca poco espacio. De modo que, para juntar esa agua de lluvia, tendríamos que tener una red de colectores gigantesca que pasaría la gran parte del tiempo vacía porque tampoco se tiene claro dónde caerán las tormentas”, explicó Rubén Villodas, director de Gestión Hídrica.

Para el especialista, la única forma viable de usar el agua de lluvia es dejar de regar donde ha llovido. Ese concepto, que ha costado mucho imponerlo, es el que se está usando en Irrigación y ayuda al recurso hídrico disponible para la agricultura.

“A modo de ejemplo, puedo decir que las tormentas registradas hace dos semanas en el Sur provincial hicieron que, durante una semana completa, la mayoría de los canales cortaran el turnado de riego y esa agua quedó almacenada en Valle Grande y disponible para otros riegos”, consignó Villodas.

“En Mendoza, la planificación del uso del agua se basa solamente en la disponibilidad de nieve, es decir, Irrigación mide la nieve durante todo el invierno, hace las campañas de cateo a principio de setiembre para verificar y calibrar las mediciones realizadas durante el período y, en función de eso, se hace el pronóstico (fines de setiembre, principios de octubre) y se planifica el uso del agua a lo largo del año, es decir, de octubre a setiembre del siguiente año”, detalló.

A modo de conclusión, el profesional dijo: “La lluvia no se tiene en cuenta en la planificación anual porque no se sabe ni cuánto ni cuándo ni dónde va a producirse. Pero sí ayuda cuando se puede dejar de regar”.