La suerte del ahora ex juez federal Walter Bento comenzó a escribirse el 24 de septiembre de 2020. Ese día, la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico de la Policía de Mendoza elevó un informe preventivo a la Justicia Federal a partir de la pericia realizada al teléfono secuestrado a Walter Bardinella Donoso, meses más tarde condenado por tráfico de estupefacientes.

La información obtenida de ese celular permitió a los investigadores iniciar y darle forma al entramado de la banda que se dedicaba al cobro de coimas a cambio de favores judiciales. Y comenzaron a saltar los nombres que, posteriormente, serían de uso corriente para la opinión pública de Mendoza; en especial, el de Diego Aliaga.

El ex despachante de Aduana que fue secuestrado y asesinado en julio de ese año, figuraba entre las tarjetas de contacto de Bardinella Donoso como “Fernández”. Además, de acuerdo con las charlas que lograron recuperarse entre el narcotraficante y diferentes personas agendadas en su dispositivo, cobró protagonismo el abogado Luciano Ortego.

“Fernández” (Aliaga) era el eslabón previo al jefe de la asociación ilícita. Era el intermediario, el último escalón antes de llegar a la toma final de decisiones. Por primera vez, entonces, aparece en las transcripciones la figura del “gran jefe”, que, según los interlocutores, era una persona omnisciente y omnipotente; estaba al tanto de todo; no se le escapaba nada. Para el juez Eduardo Puigdéngolas y para la fiscalía comandada por Dante Vega, esos indicios llevaban todos hacia una misma dirección: el Juzgado Federal N°1 de Mendoza, cuyo titular era Walter Ricardo Bento.

Los investigadores policiales que tuvieron acceso al celular de Bardinella Donoso detectaron numerosos intercambios de llamadas entre el narco y Aliaga desde principios de 2019. Pero, sin dudas, una de las personas con quien más comunicación tenía era con Ortego, donde dirimían todo tipo de diferencias y hablaban con confianza de distintos personajes que formaban parte de sus vidas cotidianas y que actualmente aparecen todos en la causa, como, por ejemplo, el abogado Martín Ríos, también miembro de la banda según la investigación y uno de los que se decidió acogerse a la figura del arrepentido en el expediente.

Las referencias entre Bardinella y Ortego hacia Aliaga son interesantes. En más de una ocasión lo descalificaron por su prepotencia o la pedantería con que se manejaba. Y en varias oportunidades sugirieron –aunque no de manera explícita-, que estaba convirtiéndose en un obstáculo.

El documento de 71 páginas tiene punto final el 6 de marzo de 2020, fecha en que fue detenido Bardinella en la vía pública. A partir de ahí, una serie de sucesos, como el crimen de Aliaga, terminarían de darle peso a una investigación que se convirtió en el escándalo más importante de la Justicia Federal de Mendoza y que expulsó a Bento del edificio de calle España y Pedro Molina, donde por más de diez años fue el hombre más poderoso.

Parte del informe que se encuentra en el expediente.