“Es lo más normal que en todos los partidos haya gente buena a la que le va mal”, dispara, de entrada, Guillermo Yazlli, el radical que fue niño mimado del Viti Fayad y unas de las personas más influyentes del intendente. Yazlli ocupó el cargo de concejal de la Ciudad de Mendoza por casi 20 años y, en el medio, fue presidente del Concejo Deliberante durante una década.

Sin embargo, en mayo del 2009 –cuando la UCR había ganado en las elecciones legislativas y ocuparía otra vez un cargo como concejal–, Yazlli decidió renunciar a la política y dedicarse a la actividad privada. “Me retiré dolido, enojado y muy decepcionado de la política y de los políticos”, confiesa, y enseguida apunta contra Fayad: “Tenía muchas diferencias con él. No me gusta que un intendente opositor colabore con los K para obtener recursos nacionales”.

“Es más fácil pegar dos palos y que te obedezcan, que buscar un consenso. Se pierde efectividad, pero el resultado es mucho mejor si están todas las voces”, agrega, en clara referencia al intendente radical. ¿Qué lo hizo declinar a Yazlli? Además de un viejo conflicto personal con Fayad (en el cual, Yazlli no quiso ahondar), el ex concejal aseguró que hubo otros factores políticos e ideológicos con el cacique radical.

Entre ellos, apuntó con munición gruesa: la falta de independencia del Concejo respecto del Ejecutivo municipal; los intereses empresariales que “comprometen el rol de los concejales”, el ninguneo sobre los códigos de Edificación en Capital: “Estuvimos todo un año trabajando para elaborar el nuevo Código y, finalmente, quedó cajoneado. Ignoraron todo nuestro esfuerzo”, dice, todavía enojado.

“Estuve muy triste, porque no podía hacer nada. No había margen para cumplir con los compromisos que uno tenía con la gente”, cuenta, y agrega que el problema no fue sólo con el Viti. “Pasó lo mismo con (Raúl) Vicchi y con Eduardo Cicchitti (ambos intendentes de Capital), con quienes me peleé por cuestiones parecidas. Todos, cuando llegan al poder, cambian”, argumenta. Yazlli cuenta que lo peor vino después: “Leía los diarios y quería hacer algo. Me siento culpable por no hacer nada mientras tenemos funcionarios que son un desastre”.

El radical (aún defiende su afiliación partidaria) asegura que se sintió “horrible” cuando le contó su retirada del ámbito político a sus amigos. “Se pusieron muy contentos y me ofrecían trabajos. Como si los últimos 20 años de mi vida hubiesen sido un error. Y por un lado es cierto: soy un lamentable fracaso político”, dice, risueño. Yazlli estudió Ingeniería Civil pero abandonó en el último año. “Todavía me arrepiento”, confiesa. Desde que se fue de la Comuna de Capital, se dedicó al rubro de la construcción, junto con su hermano. “Yo compro materiales y lidio con los albañiles. Es un trabajo que no quiere hacer nadie y a mí me gusta”, explica.

Casado con la abogada Ariela Zakalik y padre de tres hijas adolescentes, Yazlli cuenta que a las únicas personas a las que no les gustó su retiro de la política fueron a su madre y su esposa: “Mi mamá estaba triste, porque a ella le encanta la política. Mi viejo también lo fue. Y a mi mujer no le gustó, porque ahora estoy más tiempo en la casa”, cuenta, mitad en broma, mitad en serio.

Sin embargo, la repentina despedida de la política le duró poco a Yazlli. Es que su “adicción” a la política hizo que el año pasado volviera a despuntar el vicio y se convierta en un político free lance o “a destajo”, como ahora le gusta definirse. Actualmente asesora en algunos proyectos al concejal socialista y opositor a la UCR, Alberto Montbrun (a quien define como un “perdedor político pero buen tipo”) y colaboró con el nuevo Código de Edificación del Municipio de Godoy Cruz junto con Alfredo Cornejo.

EL POLÍTICO PUDIENTE.

Yazlli es dueño de 12 departamentos en el Pasaje San Martín. Dice que los compró en el 2004, junto con dos socios adinerados, con el fin de habilitar un hostel del lujo, aunque luego de varios años de gestión el proyecto se fue a pique.

“Es una larga historia. El consorcio se opuso y hubo demasiadas burocracias y temores, cuando nosotros queríamos sacar al edificio del abandono en el cual aún está”, recuerda.

Consultado sobre si pudo invertir en un negocio multimillonario con el sueldo de un concejal, Yazlli señala: “Vengo de una familia de plata. Mi papá es abogado y le fue muy bien.Y como el sueldo de concejal es muy pobre, tuve la suerte de acudir a mis viejos y obtener subsidios familiares para algún negocio o alguna emergencia”, explica. Sobre este punto, Yazlli confiesa que en más de una oportunidad algún colega de la militancia justificó “meter la mano en la lata” porque no tenía los recursos económicos que él tenía. “Cuando me decían eso, no lo podía creer. Yo tuve errores, pero no de esos”, relata.

A la hora de hacer un balance sobre su gestión en el Concejo, Yazlli dice que no fue todo lo eficaz que le hubiese gustado, pero jura que logró cambios positivos. “Conmigo cambió la cultura de gestión. Los concejales dejaron de cambiar votos por favores, y las votaciones se definían en el recinto, no en la mesa chica”, concluye.