Si Mendoza se viera afectada por un terremoto, por un viento Zonda de gran intensidad o por un temporal, ¿con qué mecanismos cuenta la Provincia para dar una respuesta habitacional de emergencia?
Con el objetivo de dar una contención rápida y temporal a algunas de estas situaciones, investigadores del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía del Conicet trabajan en el desarrollo de un “habitáculo de emergencia” bioclimático, fácil de ensamblar y trasladable.
Lejos de intentar ser una solución al déficit habitacional que tiene Mendoza, la iniciativa busca que personas en extrema vulnerabilidad cuenten con un refugio. Ya se entregó un prototipo a una familia del barrio San Agustín, de Guaymallén, cuya vivienda fue destruida por un incendio.
A octubre del 2022, (la última cotización) realizarlo costaba unos 300 mil pesos. Entre 3 y cuatro personas pueden armar el habitáculo en 10 horas, desarmarlo en 6, cargarlo en un camión en 13 minutos y descargarlo en 25.

Los aspectos técnicos
El proyecto, que se denomina “Aislamiento social, preventivo y obligatorio para sectores populares en situación de hacinamiento y precariedad habitacional”, inició en plena pandemia y fue dirigido por Jorge Alberto Mitchell, fallecido en 2021.
La posta la tomó Gustavo Barea, quien es arquitecto y especialista en bioclimatología edilicia. El equipo está conformado por unas 15 personas, entre ellos diseñadores, trabajadores sociales e ingenieros.
Con la premisa de trabajar con los mínimos elementos constructivos, se diseñaron diferentes tipologías. “Los habitáculos están realizados con paneles autoportantes aislados con placas de madera OSB, un alma de polietileno expandido en planchas de 5 centímetros de espesor y estructura de alfajías de álamos”, detalló Barea sobre una de las pruebas desarrolladas.
El resultado de este primer prototipo desarrollado fue de 3.66 metros (3 módulos) de largo x 2.44 metros (2 módulos) de alto más el espacio de transición, que arma el acceso.

“La ventaja de modular transversalmente con 2 módulos (2.44m), es que permite apoyar el panel del techo sin necesidad de sumar estructura de apoyo. Cuando todos los elementos quedan unidos, la estructura es solidaria y trabaja estructuralmente en conjunto. El techo funciona como un diafragma estructural y a la vez aislante térmico”, contó.
Para el techo se diseñaron 4 cabreadas donde alojar la chapa trapezoidal creando una cámara ventilada.
“Con esta técnica estamos aportando a la eficiencia energética en verano, creando un espacio para que el aire circule y enfríe el elemento en contacto con la radiación solar”, dijo.
El efecto de techos ventilados se ha investigado y estudiado por muchos investigadores a nivel internacional. Esta solución de enfriamiento pasivo reduce la ganancia de calor en los edificios generalmente aplicados a techos inclinados.

“No es una política habitacional”
El licenciado en Trabajo Social, Federico Antonio Berná, quien forma parte de la propuesta, precisó que se denominan habitáculos para que no se confundan con una solución habitacional a largo plazo, pero que puede ser almacenado por los municipios en caso de que sus vecinos sufran contingencias.
“Lo llamamos habitáculos, sobre todo para que no se piense que son viviendas y que esa tiene que ser una política de vivienda para los sectores humildes, pues sería hasta denigrante y no cumpliría con el parámetro mínimo de lo que se considera una casa adecuada, tampoco con las especificaciones técnicas que exigen y los códigos de construcción para la zona”, aclaró.

Explicó, sin embargo, que resultan antisísmicas por la forma en que están ensambladas y que podrían servir para cubrir necesidades urgentes, en caso de una persona que deba abandonar su casa por violencia de género o asistir a una familia que perdió todo en un incendio.
Este espacio permitiría ser utilizado para armar un baño, una habitación extra en una propiedad. Además, como los paneles son ensamblables, se pueden unir más de un cubo, de acuerdo con la necesidad. Sumar una conexión eléctrica, pero no gas.
“Dependiendo para qué se utilice es la capacidad, supongamos que sea para crear una habitación. Ahí pueden dormir cómodas dos personas, pero paradas, unas 8”, precisó.
El trabajador social consideró que para personas de un asentamiento, este módulo puede ser un gran avance en su calidad de vida, mucho mejor que si le entregan membrana o nylon después de un temporal, pero de ninguna manera puede convertirse en una política de Estado.
En este sentido, afirmó que la familia de barrio San Agustín de Colonia Segovia están muy contentos con el espacio.
