En una base militar en Quantico (Virginia), unos 60 kilómetros al sur de Washington, se encuentra la Academia del FBI, un lugar en el que se instruye, tanto en leyes como en el manejo de armas, a los futuros agentes de la Oficina Federal. En tan sólo 20 semanas, los aspirantes salen convertidos en agentes de base, las habilidades con las que tienen que salir son manejo de armas, condición física y conocimientos legales. Vestidos con pantalón caqui y polo azul marino, para diferenciarse de los veteranos que realizan algún curso de reciclaje, los futuros agentes se enfrentan a una jornada de 7 a 17 en la que reciben formación en esas materias.

   Este año, el FBI espera incorporar a sus filas a 800 nuevos agentes, según explicó Kurt Crawford, un portavoz del centro, durante un recorrido por la academia, cuyo acceso se ha vuelto más restringido tras los atentados terroristas del 11 de setiembre. La academia recibe 5.000 peticiones al año y el perfil de los candidatos es tan variado como lo son las necesidades que atiende la agencia federal, que abarcan la lucha contra el crimen y la coordinación con las diversas agencias, los delitos fiscales y el terrorismo. El amplio espectro de candidatos permite al FBI elegir entre personas con perfiles muy distintos, desde los que tienen una formación militar o los que nunca han tocado un arma y tienen que alcanzar el nivel del resto en esos cinco meses.

   El centro tiene un gran campo de tiro, en el que cada alumno dedica 250 horas de las veinte semanas de entrenamiento, período en el que, según Crawford, cada uno dispara 3.600 balas. Puede parecer poco tiempo, pero los instructores aseguran que es el tiempo suficiente para que el alumno adquiera y demuestre que tiene la destreza necesaria para el manejo de las armas reglamentarias. En este lapso, los instructores también tienen que evaluar las “otras” cualidades que no quedan

   INFORME ESPECIAL 14 lunes 10 de agosto del 2009 el sol recogidas en el currículum de los aspirantes, como el carácter, la objetividad, la capacidad para trabajar en equipo y desarrollar lealtad al grupo, así como su habilidad para desempeñar la misión que se les encomiende. Muchos son los motivos que llevan a los alumnos a enviar su solicitud, la aventura o un puesto fijo en la administración, pero según uno de los responsables del centro de estudios “la mayoría lo hace por patriotismo”. Su deseo es “servir a la nación y contribuir a que su país sea más seguro”, afirmó.

   DESPUÉS DEL 11-S. Las prioridades del FBI cambiaron después del 11-S y, según las pautas establecidas por su director Robert Mueller, proteger a Estados Unidos de ataques terroristas se ha convertido en la número uno. Para adaptarse a un mundo globalizado, en el que se fraguan delitos de una magnitud desconocida hasta el momento,

   Mueller estableció diez nuevas directrices que incluyen proteger al país tanto de operaciones de inteligencia extranjera y espionaje, así como de los ciberataques y de los crímenes de alta tecnología. De puertas para adentro, el objetivo es combatir la corrupción pública en todos los niveles, proteger los derechos civiles, perseguir los delitos administrativos y dar apoyo a las autoridades locales, estatales y a los socios internacionales, para lo que se requiere estar preparado no sólo con el personal adecuado, sino con los medios más punteros.

   EL ADN. Precisamente, Quantico alberga uno de los laboratorios más modernos con la mayor base de datos de ADN del mundo, que ayuda a resolver miles de casos al año. El laboratorio está en un edificio aparte en el complejo de la academia –al que se accede bajo estrictas medidas de seguridad– y su imagen m u c h o dista de la sala en la que se instalaron unos microscopios y aparatos rudimentarios en Washington en 1932 para ayudar a resolver algunos crímenes de la época. En el de Quantico trabajan 570 empleados, entre los que hay químicos, médicos, expertos en explosivos, biólogos o antropólogos, que resuelven cerca de un millón de casos al año, según indicó uno de sus responsables, Robert Frat, de los que, aproximadamente, 5 por ciento son colaboraciones con países extranjeros.

   Hasta allí llegan cientos de miles de piezas de evidencias al año a las diferentes unidades en las que está dividido: explosivos, huellas, balística, toxicología y otras disciplinas forenses para su análisis, cuyo proceso empieza “fuera del laboratorio”, con la recogida de pruebas y la adecuada clasificación, explicó. El laboratorio concentra la mayor base de datos de ADN del mundo con 6,7 millones de perfiles genéticos que, en virtud de una ley federal del 2005, se irá ampliando no sólo con los datos de criminales condenados, sino con los perfiles genéticos de persona que hayan sido detenidas y no condenadas, y de inmigrantes ilegales.

   Desde su creación en 1994 ha ayudado a identificar a miles de sospechosos y las pruebas de ADN han exonerado a más de 200 personas que habían sido condenadas injustamente. La expansión de la capacidad de esta base de datos es un reto importante para la agencia, que busca cómo acelerar el procesamiento de las pruebas de ADN y la manera de acumular otros datos que contribuyan a resolver futuros casos. El FBI anunció recientemente que prepara una nueva generación de sistemas de identificación que le permitirán no sólo mejorar la precisión en la toma de huellas dactilares, sino archivar otros datos como el iris, heridas, cicatrices y tatuajes. Mientras tanto, sus agentes se instruyen en este centro en el que, con los medios más modernos, aprenden a luchar contra crímenes, cada vez, más sofisticados.