Desde el lunes pasado, los comercios del centro mendocino comenzaron a aplicar el horario corrido dispuesto por la Cámara Empresaria de Comercio, Industria, Turismo y Servicio de la Ciudad (CECITyS). El mismo es de 10 a 19 y, de acuerdo con lo manifestado por las autoridades de la entidad, el 90% de los locales accedió a la modificación, sin embargo, muchos mendocinos aseguraron no tener idea de la disposición.
“La gente tiene que acostumbrarse y sería bueno que se difunda más la noticia porque muchos ni siquiera se han enterado. Ya en la pandemia funcionó y creemos que ahora seguirá dando buenos resultados”, expresó Mary, vendedora de una importante tienda de jeans.

Por su parte, Luis, dueño de una clásica zapatería ubicada en Avenida San Martín, expresó que no accedió ni accederá. “He intentado modificar el horario cien veces y el mendocino no sale a comprar en la siesta. La siesta no se toca”.
Horarios para todos los gustos
La medida permite que cada empresario tenga autonomía para determinar si su comercio operará con horario corrido o cortado y frente a ello, son varios los mendocinos que se quejaron y refirieron que el centro es un caos ya que no existe una uniformidad horaria.
Frente a la crítica de los clientes, Dora, empleada de un local céntrico expresó: “Hay gente que accedió al horario corrido y ya comenzó a aplicarlo; otros que no lo harán ya que advierten tener un estudio de mercado y que no es beneficioso para nadie; y existe un tercer grupo de comerciantes que, por el momento, está analizando la situación”.
“Lo ideal es ponerse de acuerdo y no confundir a los clientes, pero lamentablemente esto no ha ocurrido. La gente tiene razón, desde hace tiempo que los horarios que se manejan en el centro confunden y generan malestar”, comentó Brisa.
“El lunes a las 15, cuando salí de mi trabajo, fui a comprarme un jean a la tienda que siempre frecuento y me encuentro con que estaba cerrada y abría a las 17. Realmente me molestó mucho porque terminé recorriendo otros locales para realizar la compra ya que no iba a ir a casa y volver. Lo bueno sería que exista un horario único, de lo contrario, perjudican a los clientes”, aseguró una joven que se encontraba mirando vidrieras.
Voces a favor y en contra
La modificación del horario fue celebrada, sobre todo, por los propios empleados que aseguran que gastarán menos dinero en colectivo y podrán disponer de un tiempo libre para realizar una actividad paralela.
Patricia es vendedora desde hace 15 años en una casa de cueros que desde el lunes accedió al horario corrido y aseguró estar muy feliz. “No veía la hora de que la medida se pusiera en marcha. Con la pandemia funcionó muy bien y creo que la gente se acostumbrará. Hay que reeducarla y listo”, comentó.

La mujer manifestó que avala la decisión ya que se ahorra $50 en pasajes de colectivo, además, porque puedo llegar a casa y dedicarme un tiempo para mi o mi familia. “Ya averigüé horarios en un gimnasio y eso me pone feliz”, contó.
Mary es otra de las empleadas que aprobó el cambio y expresó que, por ahora, la gente tiene que acostumbrarse. “El movimiento que se percibe en la siesta es poco, pero esto es como los bancos: la gente sabe que a las 13 cierran y va antes de ese horario para realizar el trámite. En el caso de los comercios del centro se adaptarán a que a las 19 cerramos y que en la siesta estamos atendiendo”.
Miriam también se mostró a favor del cambio de horario, sin embargo, en la tienda que ella trabaja aún no analizan modificarlo. “Estamos esperando que pase el calor para poder trabajar de manera corrida. Es difícil que el mendocino salga a comprar en la siesta con 36º. Por ello, el dueño ha decidido continuar unas semanas más cortado y luego, en otoño, arrancar con los cambios”.

Andrea es encargada de una tienda de ropa desde 1999 y aseguró que el dueño del local no avaló el cambio de horario. “Nosotros atendemos de 9 a 13 y de 17 a 21. Ese horario es histórico y no vamos a modificarlo. Se han realizado varios estudios de mercado y los resultados indican que al mendocino no le gusta salir a comprar en la siesta”, dijo.
La comerciante, a modo de ejemplo, narró que este lunes, en la última hora de venta, es decir, entre las 20 y las 21, cuando varios locales ya habían cerrado sus puertas, ella vendió tres pantalones. “A las 20 hay gente en la calle, recorriendo vidrieras y es un despropósito cerrar”, agregó.
“No es novedoso lo que quiere implementar la CECITyS, pero lamentablemente debo reconocer que no funciona. Desde los 14 años trabajo en el comercio y he visto tomar decisiones y dar marcha atrás. El mendocino no deja la siesta por nada del mundo, ni en el verano ni en el invierno, por ello, este debate es en vano”, comentó Luis, al mando de una zapatería.

El empresario recalcó que entiende la necesidad de los empleados de un horario corrido (porque gastarán menos dinero en colectivo y dispondrán de más tiempo libre para ellos) pero esto es un negocio que tiene que funcionar y todas las partes tienen que estar conectadas.
“De que me sirve beneficiar al empleado si no tengo ingresos para pagar sus sueldos y los gastos de luz son innecesarios. Realmente hay que pensar muy bien qué es lo que conviene y qué es lo que no. Yo no accedo porque he comprobado que no me rinde, ese horario me genera más gastos que ingresos”, sentenció Luis.
Por su parte, Ariel, que desde hace 15 años trabaja en un puesto callejero que expende golosinas dijo: “Estoy todo el tiempo en la calle, miro el comportamiento de la gente y en la siesta el centro se muere. Hasta yo, que no alquilo, me voy a mi casa y vuelvo luego de la siesta. El mendocino es un animal de costumbre y la siesta no se toca”.

