El público mendocino tiene fama de ser un público difícil. De juzgar mucho la obra y las actuaciones. Un público serio digamos. Por eso es interesante ver el desafío que se presenta cuando aparece una comedia clásica en escena, sobre todo hecha por el elenco de la UNCuyo, quienes demuestran tener un conocimiento profundo sobre las obras que trabajan.

El caso de “Las Preciosas Ridículas” de Moliére es interesante, ya que es una obra que rompe muchos esquemas académicos: se trata de un autor clásico que nunca buscó serlo; una obra poco conocida que tiene una crítica a un estrato social que ya no existe; una manera de abordar la escena que puede parecer poco natural y exagerada; y tratan un tema que nos podría parecer lejano. Aun así hace mucho que no escuchaba un público tan envuelto, tan atento al próximo chiste, juego de palabras o referencia en una sala llena, como vienen acostumbrando hacer desde hace casi tres años. Es una puesta de gente que hace teatro y sabe de teatro.

Hay una vuelta de tuerca al llamado “clasicismo francés”, con un trabajo profundo sobre el texto, pero más que nada sobre la expresión actoral en escena. Se nota desde el primer momento que es una obra muy ensayada y con la cual se ha experimentado.

Se han utilizado recursos de investigación tales como la biomecánica de Meyerhold, la simetría, el círculo y la animalización del teatro clásico francés e incluso se dejó una referencia a la idea de talento que se tenía en la antigüedad, planteada por Diderot, por ejemplo. Pero la obra es más que un conjunto de técnicas teatrales hechas por profesionales. Es un espectáculo que busca la risa como cómplice, con lo difícil que eso es, y un momento de burla desmesurada, tal como lo propuso su autor hace 350 años.

Plantea la inutilidad de la nobleza sin sus criadas, el quid pro quo típico de la comedia como recurso atemporal, la burla a la pomposidad, una vestimenta muy vistosa y característica y una estilización de la cultura francesa estereotipada.

Esto desde lo estético, pero si profundizamos un poco podemos notar una crítica a la vida en sociedad, a la apariencia, la desmesura aspiracional y la falta de conformidad de quiénes somos y qué queremos para nuestras vidas.

Se desnuda la farsa para mostrarnos quiénes somos en un espejo de comedia.

Es de destacar la química en escena entre Andrea Cichinelli y la Polaka Merelo, con un conocimiento de la otra que aportan mucho al dinamismo de la escena; el impecable trabajo vocal realizado por Francisco Molina; la relación entre este y Martín Ferreyra, yendo a la definición inglesa de “obra de teatro” como Play (también traducible como juego) y las intervenciones de Mayra Pécere de la Vega y Nía Monte, aportando sus dosis de humor a la escena.

Es una obra que entretiene, gusta y llena teatros. Quizás no sea para todos los públicos por su temática, pero las risas estuvieron presentes en todo momento. Vayan a verla y después me cuentan.

Ficha técnica

  • Elenco de Teatro de la UNCUYO
  • Obra: Las Preciosas Ridículas
  • Autor: Moliére
  • Personajes y actores:
    • La Grange – Jorge Tixeira
    • Du Croisy – Carlos Benegas
    • Georgibus – Sunchy Codoni
    • Madelón – Polaka Merelo
    • Cathos – Andrea Cichinelli
    • Marqués de Mascarilla – Francisco Molina
    • Vizconde de Jodelet – Martín Ferreyra
    • Marotte – Mayra Pécere de la Vega
    • Stefanie – Nía Monte
  • Escenografía – María Emilia Cazzola. María Cristina Castro y Lorena Paola Baldin
  • Vestuario – Victoria Fornoni
  • Maquillaje y posticería – Mayra Pécere de la Vega
  • Selección musical – Martín Ferreyra
  • Iluminación – Gonzalo Lorente
  • Coreografía – Federico Castro (Ballet UNCuyo)
  • Producción – Estefanía Montenegro
  • Dirección: Fernando Mancuso