Javiera Yáñez Correas, hija de la talentosa artista plástica mendocina Nora Correas, es una exquisita joyera argentina que año a año viene a mostrar sus secretos a esta provincia.

El 28 y 29 de este mes, estará en la Nave Cultural (Parque Central de Ciudad) ofreciendo un taller de una técnica específica para trabajar el vidrio. Y lo repetirá el 31, en Vitroma (Hualpa 360, de Godoy Cruz).

Lampwork es el método a través del cual Yáñez Correas crea piezas únicas. El protagonista, por supuesto, es el auténtico vidrio de Murano.

-Al nacer en una familia de artistas, ¿te sentiste obligada en continuar por esos pasos?

-Nací en el ambiente del mundo del arte y crecí entre olores a pintura, colores de lanas, talleres diversos; pero nunca hubiera imaginado que mi camino sería el del arte. Cuando uno está acostumbrado a él y lo vive todos los días, lo respira, lo come, no es tan atractivo, puedo asegurarlo. Así y todo pareciera que no hay escapatoria, y tras años de intentos fallidos de hacer otras cosas, terminé volviendo al punto de partida de mi vida. Comencé haciendo joyería, y luego descubrí la posibilidad de hacer mis propios vidrios. Desde 2007, comencé a incursionar en este camino, hasta la fecha. En 2012, la galerista Pelusa Borthwick me instó a hacer una muestra en su sala, Arcimboldo. Yo no había realizado ninguna obra hasta el momento pero ella creyó en mí, incluso antes que yo misma, y creo que el resultado fue muy hermoso. Realicé una instalación totalmente en vidrio llamada “Y de mis lágrimas brotó un jardín”, y ese fue el comienzo de un camino que no volvería nunca más atrás.

-¿Cuándo descubrís la técnica que venís a enseñar a Mendoza?

-La técnica del vidrio a la flama o lampwork la conocí de casualidad buscando vidrios para los aros que armaba cuando comencé con la joyería. Supe que en una tienda de bijou una persona los realizaba. Me llamó mucho la atención, imaginaba que era algo muy complicado de realizar. Ya con esa información empecé a averiguar y logré dar con una persona que pudo transmitirme un primer contacto con el soplete. Tomé una clase y luego me lancé sola a investigar este material mágico, mistérico y maravilloso. Desde ese entonces he ido creciendo y nutriéndome de todo lo que el vidrio entrega, que es muchísimo.

-¿Qué particularidades tiene y qué diferencias con la vitrofusión?

-En lampwork se trabaja el vidrio en caliente directamente expuesto en la flama. A diferencia de la vitrofusión, en donde se coloca el vidrio en un molde dentro de un horno, aquí se trabaja con un soplete con gas y oxígeno. Utilizamos varillas de vidrio que se exponen en la llama hasta comenzar a fundirse y allí es en donde empezamos a moldearlo libremente. Cuando está en este estado, es dócil como la miel, y eleva su temperatura a unos 900° aproximadamente. Creo que una de las diferencias más grandes que hay entre las técnicas de vidrio en caliente y las del horno, es que se puede plasmar el movimiento de una manera más contundente.

¿El interés por esta técnica ha crecido en los últimos años?

-El mundo del vidrio es realmente enorme y crece por segundo. No sólo en interesados, amantes y apasionados, sino en grandes artistas que profundizan en nuevas formas y técnicas para aplicar sobre él. No para de evolucionar y sorprender, y esto hace que atraiga a cada vez a más y más personas. Desestructura enormemente.

-¿En esta técnica el vidrio y el fuego compiten como protagonistas?

-En esta historia no hay competencias. Es el triunfo del amor, ninguno es sin el otro. El fuego por sí mismo ardería sin más, sin objetivo, y el vidrio no se fundiría, no se modificaría, no se transformaría. Es la unión, la danza entre ambos la que hace que exista la posibilidad de producir belleza y amor hecho vidrio.