Buenos días, a pesar de todo. Ustedes saben que los habitantes de Santiago del Estero tienen cierta fama de ser cansinos, no muy enérgicos. ¿Cómo decirlo sin ser ofensivo para con ellos? A ver, tienen el ánimo laboral en condiciones precarias. La desocupación no es un problema en Santiago del Estero, es una vocación. El 1 de Mayo es día de duelo nacional. Por esto que decimos, los santiagueños reciben algunos apodos bastante ilustrativos. Citroën, porque no tiene pique, pero tampoco se calienta; foto de la abuela: todo el tiempo en la cómoda; España, porque han tenido cuarenta años de Franco.
El santiagueño es muy honrado: si llega a encontrar un trabajo, ahí nomás lo devuelve. En las calles de Santiago pueden leerse grafittis que demuestran esta especial idiosincrasia: “Trabajar nunca mató a nadie pero para qué arriesgarse”. “Procura vivir de tus padres”. “Nunca es tarde para no hacer nada”. “El que trabaja es que no sirve para otra cosa”. “Hay más accidente en el trabajo que accidentes en el descanso. Tu seguridad es lo primero”. Se murió un santiagueño y en su tumba en vez de “Que descanses en paz” le pusieron: “Seguí con lo tuyo, hermano”. “En el polo el día dura seis meses”, dijo un santiagueño, “Ja, ¡pavadita de siesta!”, se ilusionó otro. Pues bien, señores, hubo un fuerte movimiento sísmico en Santiago de Estero.
¿En Santiago del Estero? Loco, está temblando en cualquier lado. Lo único que falta es que tiemble en Buenos Aires y Clarín le eche la culpa a Cristina. Tembló en Santiago del Estero. El epicentro ocurrió en la localidad de Matará. Pero no mató a nadie. Fue de 6,4 en la escala de Richter y sucedió a las 2.07. Según el registro de anomalías naturales del Gobierno de Santiago del Estero, el temblor no provocó pánico, las únicas manifestaciones que se sintieron fueron: un perro que hizo (cansinamente) “Guauuuu…”. Una voz que dijo: “Ganas de joder el descanso…” y una señora que expresó con algo de fastidio: “Viejo, me parece que está temblando, si se llega a derrumbar la casa, haceme el favor de despertarme”. El resto de la población coincidió en sus expresiones, todos siguieron haciendo zzzzzzz.
