Buenos días, a pesar de todo. Pasó la selección argentina por Mendoza y dejó en la cancha el mejor partido de los que ha jugado en el último tiempo, con un equipo que demostró ser muy bueno y con un Messi digno de elogios que no están en el diccionario. Bien, todo bien. La organización que puso en juego el Gobierno, la Provincia, fue muy prolija. Un estadio coqueto, correctamente mantenido; un césped espléndido, que permitió jugar con sutilezas; la seguridad perfectamente controlada. Todo bien. O sea, Mendoza hizo lo que le correspondía, no como Chaco, provincia que parece estar administrada por gente con pocas luces. Mendoza hizo todo bien, pero la bastardearon, la usaron, nos tocaron el poto, y, esto, nosotros no lo merecemos. El asqueroso manejo de las entradas debería tener una sanción no sólo económica, sino penal. Entradas que se agotaban antes de ponerlas a la venta, paquetes que aparecían en manos de operadores turísticos antes que el público tuviera acceso a las entradas, sitios de internet que se encargaban de la reventa horas antes de que se pusieran a la venta, precios increíbles en la reventa. Me encontré con un señor que había pagado diez veces más el costo de una entrada popular, y le dije: “No proteste. Se lo tiene merecido”. Porque existen compradores como usted es que puede haber mafias como la de ellos. Loco, nos engañaron, se burlaron de nosotros. Pregunto: “¿No va a haber ninguna investigación por parte de nuestros legisladores para saber lo que ocurrió?”. Porque aún nos falta saber muchas cosas que sucedieron. Pregunto: “¿La Asociación del Fútbol Argentino no va a castigar a aquellos que se abusaron de nuestra buena hospitalidad?”. Si se llama AFA, ¿no debería ocuparse otra vez de los que afanan? ¿Somos tan ingenuos los mendocinos que no apreciamos cuando un fraude se instala entre nosotros? Por favor, esta es una provincia de gente que labura; no puede venir a faltarle el respeto una manga de especuladores. Los barrabravas no sólo están en las tribunas, sino detrás de pulidos escritorios de lujosas oficinas, un verdadero escándalo: un negocio hecho con un partido de la Selección que debería ser pulcro en todo sentido. Resulta que, en la cancha, nuestros jugadores hicieron todo bien, y fuera se desató una orgía de maldades, de mezquindades, de intereses monetarios que opacaron el acontecimiento. La Provincia puso guita, mucha guita, para que el equipo de todos jugara en Mendoza y resulta que las ganancias se las llevaron unos pocos. Che, referí, saque alguna tarjeta roja, por favor.
