Yo creo que la actividad sexual en este planeta ha sido medianamente exitosa, si no, no existiría la cantidad de gente que existe en estos momentos. Seis mil millones y medio de personas están diciendo que sexualmente no nos ha ido tan mal, pero aún así se busca mejorar el rendimiento o lograr más placer en este hecho significativo en la vida. Porque es sabido que la mayor satisfacción que nos dan los hijos es cuando los hacemos.

               Los afrodisíacos o sustancias propiciatoria del apetito sexual siempre han sido requeridos. Hay numerosas sustancias, por ejemplo, el maní, (sin alusiones personales), la nuez, la pimienta, varios tipos de ají, incluyendo al de la mala palabra, la carqueja, el apio, el muña muña, que es una planta que crece en el altiplano y que produce efecto hasta en las estatuas, según dicen. Por supuesto, están los fármacos, como el Viagra, por el cual tuvieron acceso a la actividad sexual ciento de miles de hombres que por más que vivieran en países democráticos no lograban erecciones libres. Según los últimos estudios de científicos que hacen trabajar sus sexos, perdón, sus sesos, hay un producto muy simple y de uso masivo que puede remplazar al Viagra aún con ventajas: la sandía.

                La sandía contiene ingredientes similares a los del Viagra y su consumo podría aumentar la capacidad amatoria de una persona. Esto han descubierto en la Universidad A&M de Texas. Según esa universidad, los beneficios están en la citrulina, una sustancia que tiene la capacidad de producir un relajamiento en los vasos capilares. Mirá la importancia que cobra de golpe una fruta como la sandía, elemento jodido de llevar en una bicicleta.

               Los productores de sandías están chochos y pensando en rebautizar las especies con nombre como levantex, upa, vamosparriba, alzex y otros nombres alegóricos. Ahora, cuando las cuestiones sexuales en la pareja no funcionen, tal vez se produzca el siguiente diálogo entre sus integrantes: “Espera un ratito, ya vengo”. “¿Adónde vas, a la farmacia?”.“No, a la verdulería”.