Somos adeptos a los refranes, porque, bueno, los refranes son sentenciosos y resumen toda una idea. Además, todo el mundo los conoce, así que no hace falta mucha explicación. Sin embargo, a veces usamos, como cosa cierta, refranes que al menos merecen una consideración, un breve análisis. Decimos: “Todo tiempo pasado fue mejor”. Miren, yo, por lo menos, no quisiera volver al tiempo que pasamos hace ocho o nueve años. Estábamos más desorganizados que manifestación de rengos. Está el otro refrán: No hay mal que por bien no venga. Decimos: “A buen entendedor, pocas palabras”.

   Los docentes que damos clases en los distintos estamentos de la enseñanza argentina sabemos muy bien que por más buenos que sean los entendedores, una multitud de palabras es poco para que les quede en claro lo que pretende explicarse. Dicen las madres: “El nene es inteligente, lo que pasa es que no me estudia”. Y uno lo mira al nene y piensa: “Este es como una media: Abre la boca y mete la pata”. Decimos: “La caridad empieza por casa”. Y no es bueno. Porque la caridad debería comenzar por aquellos lugares en los que más se la necesita, y, si no, pregúntenle a la gente de Cáritas. Decimos: “El que le roba a un ladrón tiene cien años de perdón”. No sé en qué ley está escrito esto, pero el que le roba a un ladrón está cometiendo un delito igual que el ladrón al que le robó. Si no fuera así, todos los ladrones les irían a robar a ciertos dirigentes y empresarios que conocemos, porque saldrían impunes de cualquier juicio. Decimos: “Hombre prevenido vale por dos”. Ajá, pero sigue cobrando por uno. Decimos: “Más vale malo conocido, que bueno por conocer”. Me parece una tontería, si realmente sabemos que el que vamos a conocer es, al menos, bueno, es del todo preferible al malo, por más conocido que sea. Decimos: “No hay mal que dure cien años”. Ajá, ni mutual que te lo pague.

   Decimos: “Pan con pan, comida de tontos”, y estamos siendo injustos, porque en esta sociedad desequilibrada, pan con pan es comida de muchos. Decimos: “Lo que abunda no daña”. ¡Ah, no! ¿Y los asaltantes y las alergias y los impuestos? En fin, no podemos refugiarnos en los refranes, porque todos tienen su lado flaco. En todo caso tendríamos que variarlos un poco como para que aparecieran simpáticos y decir entonces: “Cría cuervos y tendrás muchos. Cuando el río suena es que se ahogó la orquesta. Dime con quien sueñas y te diré con quien no te acuestas. En boca cerrada no entran moscas, pero tampoco salen. El hombre es como el oso, feo, peludo y roñoso. La libertad de uno termina donde comienza la de otro con más plata. Y felices los que nada esperan porque nunca serán defraudados”.