Cerraron las primeras mesas en Estados Unidos y comenzó el recuento de votos que definirá el control del Congreso. El país votó este martes en las elecciones de medio término, las primeras de la segunda presidencia de Donald Trump, en una jornada en la que estaban en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 puestos del Senado y las gobernaciones de 36 estados.

Los primeros territorios en concluir la votación fueron Kentucky e Indiana. En Kentucky, la atención se concentra en la banca del Senado que dejará vacante Mitch McConnell, durante años uno de los principales referentes republicanos en el Congreso: allí compiten el republicano Andy Barr y el demócrata Charles Booker.

Las definiciones de fondo dependerán de contiendas cerradas en estados como Texas, Kansas, Iowa, Ohio y Alaska. Florida, Kentucky y Texas darán las primeras señales, aunque la composición final del Congreso podría demorarse: en Alaska y Maine, algunos escaños del Senado podrían no resolverse durante semanas, según advirtieron analistas en la previa.

Los demócratas buscan recuperar la Cámara baja y mantienen opciones de disputar el Senado, hasta ahora con mayoría republicana de 53 a 47. Para quedarse con ambas cámaras necesitan sumar tres bancas en Representantes y una ganancia neta de cuatro escaños en el Senado. Una derrota republicana limitaría la agenda legislativa de Trump y abriría la puerta a investigaciones parlamentarias sobre su administración.

Entre las primeras definiciones aparecieron varias reelecciones de legisladores que renovaron sus bancas. En el Senado, el demócrata Mark Warner logró un cuarto mandato por Virginia, un estado con fuerte presencia de empleados federales afectados por los recortes de personal del Gobierno. En la Cámara de Representantes retuvieron sus lugares, entre otros, los demócratas Lucy McBath, Nikema Williams y Henry Johnson por Georgia, y Lois Frankel y Debbie Wasserman Schultz por Florida, mientras que el republicano John Rutherford conservó su escaño, también por Florida.

La jornada se desarrolló con una elevada participación. Más de 50 millones de personas habían votado de manera anticipada, una cifra que superó los registros de 2022 en prácticamente todos los estados con disputas competitivas por el Senado, y estados como Georgia y Carolina del Sur reportaron marcas históricas de concurrencia. La campaña, en tanto, movilizó una inversión publicitaria superior a los 11.000 millones de dólares.

Otro foco de atención pasa por la aceptación de los resultados, luego de que Trump volviera a cuestionar sin pruebas la integridad de procesos electorales anteriores. El presidente siguió el escrutinio desde la Casa Blanca.