En las últimas horas, los verbos más conjugados en Mendoza en las redes sociales fueron “quemar”, “incendiar” y “romper”. Parecía, hasta este viernes por la noche, que era una mera expresión vinculada con la bronca y la impotencia por el crimen de Florencia Romano, la chica de 14 años que fue asesinada en Maipú hace exactamente una semana y cuyo cuerpo fue hallado el jueves por la tarde.

La reacción inmediata fue convocar a una marcha para exigir justicia; para que la ley impacte de lleno en los autores materiales del hecho y que alcance a las instituciones del Estado que pudieron actuar para evitar el femicidio y no lo hicieron.

Entre las 18 y unos minutos antes de las 20, la marcha había sido un éxito. Una multitud caminó hacia el barrio cívico con un solo objetivo: pedir que dejen de matarlas por el solo hecho de ser mujeres. Detrás de esa organización estuvo el colectivo #NiUnaMenos en Mendoza. Fueron las responsables de invitar a manifestarse y, cuando el acto estaba llegando a su fin, leyeron un documento cuya redacción buscaba concientizar sobre los riesgos a los que niñas, adolescentes y mujeres de todas las edades están expuestas.

Se conjugaron y se concretaron. “No podemos entender qué pasó. Estaba todo muy tranquilo. Nadie había provocado nada; no hizo falta policía; sabíamos que eso podía alterar los ánimos. Nosotras no queríamos esto. No es lo que buscamos. No es la manera de pedir justicia para Florencia”.

La que habla es una referente de #NiUnaMenos. Las chicas que habían ido hasta el centro mendocino empezaron a desconcentrarse; casi a huir. De la nada, apareció un grupo de no más de 20 ó 30 personas y empezaron, literalmente, a romper y a prender fuego todo. Algunos chicos estaban en bicicleta o en patines. Algunas chicas, con máscaras y el rostro tapado. Se comunicaban entre ellos. No tenían más de 18 años.

“Nosotras llamamos al 911 para pedir que vinieran a hacer algo. Pero sabíamos que si aparecía la policía iba a ser peor. Veíamos cómo incendiaban la Casa de Gobierno y no lo podíamos creer. Les pedimos a las chicas que se cuidaran y se fueran de allí”, relató.

El clima se enrareció al mediodía. Comenzaron a circular capturas de pantallas que hablaban de una supuesta represión policial a quienes llevaran pañuelos verdes. También indicaban que los medios de comunicación estaban justificando el crimen de Florencia. Fake news. Noticias falsas para potenciar la sensación de odio.

Quemar, quemar, quemar. Que arda Mendoza. La convocatoria a prender fuego todo y el discurso anárquico se viralizó con rapidez. Pero fue más allá. Se rompió el contrato social y la vida institucional. En las redes comenzaron a justificar los hechos de violencia y le dieron cabida a los grupos extremistas que aprovecharon la encrucijada en la que quedó el Gobierno luego de que se conociera una falla grave en el sistema del 911 y que podría haber cambiado el desenlace del caso Florencia.

La Casa de Gobierno, el Palacio Judicial y la Legislatura. Algunos están muy enojados con la democracia y buscaron calcinarla.

La dirigencia no ayuda. No hay conciencia del valor pacificador de las calles; de la protesta social dentro de los estándares democráticos. De un lado y del otro se busca sacar rédito político de cualquier cosa. Carroña. Y no importa si en ese afán descontrolado se actúa de manera irresponsable. No se miden las palabras ni sus efectos. La política mendocina se disputa en la cloaca de las redes sociales.

Si el Gobierno hubiese desplegado uniformados durante la marcha, podría haber sido tomado como una provocación. Y si intentaba frenar a los violentos, lo hubiesen acusado por la represión policial, lo cual podría haber tenido un efecto peligrosamente multiplicador.

La Ciudad fue tierra liberada durante esas horas. Fue esperar a que pasara el huracán para luego hacer control de daños. Una estrategia que dejó expuestos a todos los mendocinos.