Buenos días, a pesar de todo. Estoy asombrado, realmente asombrado, por la presencia del público mendocino en los espectáculos. Me imagino que, para los artistas foráneos, Mendoza debe ser una plaza muy apetecible. El Chaqueño Palavecino debería fijar su domicilio en Mendoza, no hay festival donde no esté. ¿Se acuerdan cuando jugaba Pelé que, se decía, entra a la cancha él y otros diez? Pues acá es lo mismo entra a la cancha el chaqueño Palavecino y artistas locales. En fin, qué poco valemos para las organizaciones los artistas locales. Los acontecimientos masivos suman y suman público.

El Festival de Alta Montaña en Uspallata, donde estuve, fue algo espectacular. Pero ese es un encuentro especial, porque todo el pueblo de Uspallata se junta y, entonces, más que un festival es una asamblea de buenos vecinos. El cariño de esa gente vale todo el oro del mundo, con perdón de San Jorge. No estuve en el Festival del Chivo, pero me cuentan los que actuaron allí que también la convocatoria fue impresionante. Bien por la gente de Malargüe, que insiste con un festival que no es fácil de realizar y que, sin embargo, crece, crece y crece. Lo que juntó Rivadavia Canta al País fueron multitudes.

Este es un festival que todos los años sube un escalón más, bien por eso. El domingo estuve en la Fiesta de la Tonada. Consideremos que, en el mismo momento, estaba nada menos que Calle 13 en Luján. He leído los diarios y no se ponen de acuerdo en la cifra, unos dicen cincuenta mil, otros sesenta mil (inclusive en el mismo diario aparecen las dos cifras), y otros dicen cien mil. Pero, bueno, supongamos, setenta mil personas. Pues en la Fiesta de la Tonada, en el mismo momento, yo calculo que escuchaban 25 mil personas. O sea, súmelos y le da cien mil personas en dos espectáculos masivos un domingo por la noche.

Es una cifra digna de tener en cuenta. Y ahora quiero contarles algo que sólo tenemos la posibilidad de observar los que subimos al escenario de la Fiesta de la Tonada. Desde arriba, desde las tablas, donde funciona el arte, se ve como un mar de cabezas, hasta allá, hasta el horizonte. Y uno piensa, se pregunta: ¿Yo tengo que satisfacer a toda esa gente? Mamita, mete miedo, che. Veinticinco mil personas esperando por vos, para que los hagas felices por un ratito. Tamaña tarea. Yo he visto, al costado del escenario, ponerse nervioso a más de un consagrado.

Me transpiran las manos, me dijo una noche uno de los integrantes de Los Chalchaleros. Pero cuando esa gente te responde, cuando te agradece con aplausos y con gritos o con pañuelos al aire lo que terminás de hacer sobre el escenario, entonces sucede uno de los momentos más maravillosos que tiene esta profesión de laburante del arte.

Tonada, gente de Tunuyán, tienen ustedes uno de los festivales más importantes del país, ese que nació un fin de semana de hace ya muchos años al pie del monumento al Manzano Histórico. Cuídenlo, muchachas, muchachos, funcionarios todos, cuídenlo porque es una manera de unirnos a los pueblos de canto, y como decía Goethe: “Entre gente de canto siéntate con confianza, los perversos no tienen canciones”.