El gobernador Rodolfo Suarez dispuso hace una semana la extensión del horario de comercio y la medida generó revuelvo ya que la mayoría de los comerciantes optó por regresar al horario tradicional cortado, es decir, a respetar la siesta del mendocino y hacer doble turno.

“El horario corrido no me beneficiaba en nada porque la gente en la siesta no venía a comprar. Lo cierto es que diez minutos antes de cerrar (a las 19) caían todos apurados por hacer sus compra, por lo que terminaba cerrando a las 20”, contó Ezequiel, dueño de una fiambrería de Dorrego.

Los locales del centro también se observan cerrados en la siesta: “El mendocino duerme y sale después de las 17 a realizar sus compras, más ahora que los días están agradables, por eso volvimos al horario cortado”, contó Viviana, dueña de una zapatería.

La decisión “arbitraria” de los empresarios no cayó bien en los empleados de comercios ni tampoco en algunos sectores de la sociedad que aseguran haberse adaptado a la nueva modalidad.

Ante la dicotomía los especialistas marcaron sus posturas. Los sociólogos manifiestaron que “el mendocino es un animal de costumbre y es difícil modificar su idiosincracia”.

En tanto, los economistas aseguraron: “Este retroceso es un aliciente en medio de una actividad económica amesetada”.

Mendocino, un animal de costumbre

La batalla entre el horario corrido y el partido no es nueva, está incorporada en la cultura local y su debate merece varias voces, a favor y en contra.

Desde lo sociológico, Mario Vargas, aseguró: “Hay pautas culturales que vienen de décadas y son difíciles de modificar, entre ellas, el respeto por la siesta y la organización de la vida cotidiana en base a eso”.

“A medida que las ciudades crecen demográficamente cambian las lógicas de funcionamiento y en ese sentido los cambios son inevitables. Lo que sí generan es resistencia porque implican una nueva reorganización de las vidas de las personas”, agregó el licenciado.

Por su parte, su par Javier Elizondo expresó: “Los más perjudicados en esta situación son los trabajadores que son los que tienen que hacer doble traslado, perder tiempo y dejan de tener beneficios personales”.

El sociológo aseguró que “se trata de una cuestión cultural y también es una disposición impuesta más por los dueños de los locales que por la propia gente que fácilmente se adapta a un determinado horario porque no tiene otra alternativa. La resistencia viene por el lado de los empresarios y no tanto de los consumidores”.

“Las sociedades se terminan adaptando a los cambios o reglas impuestas por fuerza mayor como ocurrió con la pandemia. Un claro ejemplo fueron las salidas por DNI. La gente lo cumplió y se adaptó sin grandes inconvenientes”, indicó Elizondo.

“Son cambios culturales que tienen que ver con el crecimiento de las ciudades, hay intereses en juegos y es acá donde deberían ser potenciados y respetados los derechos de los laburantes”, sostuvo Vargas.

Desde el Centro de Empleados de Comercio se han manifestado en contra del horario extendido, porque aseguran que no beneficia precisamente a los trabajadores. “Lamentablemente con la extensión del horario dispuesta por el Gobernador de la provincia lo que se logró es que la mayoría de los comercios volvieran a aplicar el horario partido y eso no es más que un perjuicio directo para el trabajador ya que implica doble gasto de colectivo, más riesgo de contagio y la imposibilidad de poder realizar actividades ajenas a sus labores personales”, expuso Fernando Ligorria.

Implicancias económicas

Hace unos meses, el senador provincial por Cambia Mendoza, Diego Costarelli, presentó un proyecto (que aún se encuentra en comisiones) para modificar el horario de comercio partido y plantear la necesidad de un horario corrido. En ese momento, el legislador radical propuso que quede fijo por ley el horario corrido, tanto en los comercios como en las entidades financieras de Mendoza.

“Mendoza es una provincia en la que siempre se ha impuesto la siesta como sistema indiscutible. No obstante, esta costumbre ha obligado a un doble viaje y una doble circulación de transporte público e individual de entrada y salida en los distintos departamentos. Este hábito, en este contexto de salida de esta grave situación, resulta sumamente desventajoso”, explicó.

Costarelli además plantea que no sólo se imponga el horario corrido en los comercios sino que las entidades bancarias adopten un horario tal como el de la city porteña, es decir, de 10 a 15, lo que permitirá que la gente adopte la nueva modalidad y se olvide de la siesta.

“Para marzo/abril del año que viene se espera un rebrote de la pandemia y ahí voy a querer ver qué hacemos con los ancianos realizando colas en la madrugada, con el frío de la época, para cobrar su jublación”, sentenció.

Por su parte, el economista José Vargas, argumentó que “el mendocino es conservador tanto para su patrón de consumo como para su vida diaria y normalmente no le gusta cambiar. Tiene incorporada una estructura de salida habitual para realizar las compras o los trámites y no le gusta modificarla”.

“El hecho de que se vuelva al horario habitual que tenía la provincia, con un horario establecido le genera más tranquilidad al consumidor porque sabe los márgenes de horarios en los que se puede mover”, refirió.

Los cambios de horarios, en principio, no van a traer grandes beneficios desde lo económico, sin embargo, permitirá que se retorne a los patrones de consumo que tenía el mendocino antes de la pandemia y esto puede llegar a ser un aliciente en medio de una actividad económica amesetada.