¡Qué cariño tan especial despierta este país que llevamos por afuera y por adentro! Podemos quejarnos de lo que nos sucede, de lo mal que nos tratan nuestros gobiernos, de la imposibilidad de crecer en una nación que tiene todo para crecer, sin embargo, el sentimiento se impregna de esta sustancia que ornamenta el alma y que se llama pertenencia. Uno puede separarse de un amor, de un amigo, de un barrio, de una ciudad, pero jamás se divorciará de la patria. Ayer recibí un mail de un menduco en Zaragoza. Me dijo: “Estoy muy bien acá, pero ¡qué ganas de estar allá!” Vamos con dos hechos que lo demuestran, que lo hacen tangible. El equipo argentino de la David estaba desvencijado, los grandes jugadores estaban mal, lesionados, sin posibilidades de participar, a tal punto que el director del equipo designó a un pibe casi sin experiencia para que jugara los puntos decisivos. Estábamos en el horno rodeados de papitas noicé. Pero David Nalbandian se sintió un poco mejor de sus dolencias y, entonces, agarró el primer avión que andaba carreteando por la pista y no dudó en sumarse a la delegación que se preparaba en Suecia. Fue para jugar dobles, no le daba el cuero para más, pero una vez allá sintió ese sentimiento que describí antes e, impulsado por los colores de su camiseta, también jugó el simple y lo ganó y lo festejó como si fuera el triunfo más grande de su vida. Estaba representando a Argentina. Ese fue el simple pero magnífico motivo. El otro ejemplo, estaba yo mismo, con el cuerpo que suelo lucir frente a estas cámaras, mirando la entrega de los Oscar, y cuando se produjo la presentación del premio a la mejor película extranjera, me puse nervioso como Ricardo Fort en la biblioteca. Contuve la respiración, me mordí la uña más larga que encontré a mano y pegué un salto de alegría cuando dijeron: El secreto de sus ojos, de Argentina. Éramos nosotros los que estábamos ahí en el lugar de Campanella. Los cuarenta millones de seres que nos llamamos argentinos ¡Cuánto queremos este querido triángulo territorial con una altura excesiva para su base! El sentimiento de pertenencia es abrumador. Nuestro lugar en el mundo: Argentina. Te queremos guachita, te queremos…a pesar de todo.
Pertenencia
Podemos quejarnos de lo que nos sucede, de la imposibilidad de crecer en una nación que tiene todo para crecer, sin embargo, el sentimiento se impregna de esta sustancia que ornamenta el alma y que se llama pertenencia.
