A principios de este año, el transporte de pasajeros aumentó el 30% pero el dinero que recibieron las escuelas de Mendoza para comprar abonos fue igual que en 2016. Por este motivo, las instituciones educativas tuvieron que disminuir la cantidad de alumnos beneficiarios o, en algunos casos, bajar la cantidad de pasajes que se le otorgaban a cada joven. Desde la DGE explicaron que “no se actualizó el presupuesto de abono escolar”.
Al comienzo de cada ciclo lectivo, las escuelas de la provincia reciben dinero para comprarle abonos a aquellos alumnos en situación de vulnerabilidad.
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La DGE deposita el efectivo todos los meses en las cuentas bancarias de los directivos de las instituciones escolares. Ese dinero figura como ítem “movilidad” y debe ser utilizado únicamente para facilitar el transporte desde y hacia el colegio.
Este año muchos alumnos debieron ser excluidos de ese beneficio porque la Dirección General de Escuelas no aumentó el monto tras el aumento del precio del boleto.
La explicación oficial es que no se actualizó el presupuesto de abono escolar porque no se sabía cuánto iba a aumentar el transporte.
Por esto, desde la DGE adelantaron que se solicitará un aumento al Ministerio de Hacienda para actualizar los valores.
Aún así, la situación empeorará después de las vacaciones de invierno porque se prevé un nuevo incremento en el transporte público.
Diferentes escuelas, misma problemática
Los escenarios cambian de acuerdo a la escuela. Algunas instituciones decidieron disminuir la cantidad de dinero pero continúan brindando el beneficio a todos los alumnos; otras dejaron afuera del beneficio a algunos chicos y, en algunos casos, los mismos docentes pagan el boleto de sus alumnos para que asistan a clases.
En el caso de una escuela secundaria de Ciudad, el establecimiento recibe $ 1.748 pesos cada mes. El año pasado compraban 23 abonos de $73 pero, tras el aumento, la institución compró sólo 17. De esta manera, 6 alumnos se quedaron sin sus pasajes gratuitos.
Por otro lado, la escuela Scalabrini de Godoy Cruz elige a los beneficiarios de los abonos de acuerdo a las necesidades. Pero como muchos chicos se quedaron sin sus boletos gratuitos, los profesores juntan dinero para que puedan asistir.

“Los chicos viven relativamente cerca de la escuela pero no pueden cruzar por la inseguridad. El transporte, en estos casos, es de vida o muerte”, aseguró una de las docentes de ese establecimiento.
La realidad que viven los CENS es más complicada. De por sí la partida de dinero que se destina a ellos es menor que en las escuelas primarias o secundarias.
“Cada escuela maneja el dinero pero a los que el año pasado le cargaban $120, ahora le cargan $80”, manifestó una docente.
