No hay que esforzarse mucho para imaginar que el primer problema importante que tendrá Rodolfo Suarez a resolver en la transición y en pleno tiempo preparatorio para asumir la conducción de la provincia en diciembre, será una dura pelea con el peronismo por el debate del presupuesto del 2020.

Si bien será la saliente administración de Alfredo Cornejo la encargada de diseñar la pauta de gastos, y quien lleve adelante las negociaciones con la oposición peronista, Suarez no podrá estar ajeno a todo lo que se discuta y a cómo se resuelva, porque dependerá de lo que allí surja la suerte de su primer año de gestión. Mucho más si el presupuesto del año que viene llega a la Legislatura con un pedido de autorización para tomar nueva deuda.

Si la renovada discusión sobre el financiamiento por las tres obras (planta de tratamiento de residuos, doble vía Junín-Rivadavia y acueducto ganadero de La Paz) con la que se agitó el antes, el durante y, como se ve, el postiempo electoral persiste, y el asunto se inserta en el proyecto de presupuesto, los mendocinos padeceremos un fin de año de dimes y diretes, de puñaladas traperas, trampas varias y todas las demás cuestiones que suele contener un tipo de política miserable que suele aparecer en la arena de combate local, cada vez con mayor asiduidad y frecuencia.

El peronismo, derrotado claramente en las recientes elecciones, ha sorprendido con ese no rotundo para autorizar el endeudamiento del BID para aquellas obras. Dice que lo que justifica su cerrada posición a la aprobación tiene que ver con el alto endeudamiento general de la Provincia que se acumuló durante la gestión de Alfredo Cornejo. A eso le agrega que es un partido responsable, que piensa en la provincia y que, como sabe que debe cumplir con el rol de oposición que les ha dado la población, lo va a ejercer con firmeza e inusitada fiereza.

La situación de hoy tiene algunas similitudes con la dura batalla que se dio durante el gobierno del peronista Francisco Pérez (2011-2015). Pérez, se sabe, no resultó ser un conductor dechado de virtudes en el manejo del Estado. A sus yerros y a sus muchas incoherencias se le sumó una oposición dura que, luego de ganar las elecciones de medio término del 2013, se puso como meta bloquear todo tipo de endeudamiento que se incluyera en los presupuestos que se discutieran desde ese entonces en adelante. La UCR opositora, comandada por el entonces intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, se juramentó frenar la pauta de gastos que Pérez preparaba para el 2014.

El fin del 2013 fue ardoroso en todo sentido, por el verano en su esplendor y por el debate político. Un debate que recién comenzó a ver las salidas al conflicto casi un año y medio después, cuando Cornejo ganó las elecciones para la Gobernación y luego de una transición larga y penosa. Por entonces se sumó el triunfo de Cambiemos a nivel nacional y allí comenzaron a aparecer las señales de auxilio para una provincia que, virtualmente, coqueteaba con el default. El 2014 comenzaría sin presupuesto, un acontecimiento que no se registraba en Mendoza por casi 30 años.

Por entonces, Cornejo, desde la Intendencia, se declaraba el líder de la oposición y repetía “no y no”, cada vez que se lo consultaba por la aprobación del presupuesto y del endeudamiento que solicitaba Pérez.

Por estos días, ha sido el senador peronista Adolfo Bermejo el que parece haber asumido la misma actitud que el radicalismo tuvo algunos años atrás. “No vamos a aprobar ningún endeudamiento, ni del BID ni del Nación ni de donde venga”, dijo el senador maipucino. Luego se sumaron otras voces en la misma línea, como la del diputado kirchnerista Lucas Ilardo.

Las razones de aquel NO radical del 2013 –el que se extendió hasta el fin del gobierno de Pérez–, con este NO peronista de Bermejo, Ilardo y compañía, se han motivado en cuestiones diferentes, aunque las similitudes sobre las actitudes y los modos son sorprendentes. Los radicales en el 2013 acusaron a Pérez y a su antecesor, Celso Jaque, de “populistas malgastadores” y cuestionaban los sucesivos déficit que se iban acumulando año tras año. Hoy, los peronistas alegan el alto endeudamiento provincial y sostienen que no hay margen para tomar un peso más.

Lo que no se puede soslayar, observando el espectáculo que oficialismo y oposición ofrecen, es el nivel de la discusión y por lo que están batallando. Podrían estar concentrados en la construcción de una nueva Mendoza, pero todo parece indicar que no están ni preparados ni, mucho menos, animados para llevarla adelante.

El político, en general, dice de sí mismo que la resolución del conflicto y la búsqueda del bien general son su especialidad, que para eso se ha preparado a lo largo de su corta o larga experiencia en el oficio. Hace años que se vive en conflicto y con la mayoría de las cuestiones que afectan al bien general sin resolver. Son cuestiones de las que el político, en general, se debe anoticiar.