De acuerdo con el informe técnico recientemente difundido por el Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA) sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, el 33% de los hogares de Mendoza presenta algún grado de déficit habitacional. Esto significa que uno de cada tres hogares mendocinos habita en condiciones con precariedad de materiales, hacinamiento, riesgos ambientales o falta de servicios básicos esenciales.
A pesar de la gravedad de la cifra, el desempeño de Mendoza en el mapa nacional resulta comparativamente favorable al analizar el contexto general. A nivel país, el déficit habitacional promedio asciende al 40,3% de los hogares, lo que representa a casi 6 millones de familias en territorio nacional. En esa escala, la provincia se ubica dentro del lote de jurisdicciones con registros intermedios-bajos, muy lejos de las situaciones más críticas detectadas en la región del NOA y el Cuyo norte, como Jujuy con un 72%, San Juan con un 60% o Tucumán con un 60%.
El relevamiento de OFAVA desagrega la problemática en cinco capas acumulativas para precisar el tipo de solución que requiere cada familia. En el caso de Mendoza, la mayor parte de las carencias se concentra en el denominado déficit cualitativo básico. Específicamente, casi el 26% de los hogares mendocinos habita en viviendas que sufren deterioro de materiales pero son técnicamente recuperables mediante obras de refacción o ampliación, o bien padecen situaciones de hacinamiento. Esta proporción sitúa a la provincia levemente por encima de la media nacional para esta categoría puntual, que es del 20,2%.

Por otra parte, los indicadores vinculados a la necesidad de construir viviendas completamente nuevas muestran una menor incidencia en el territorio provincial. El allegamiento -es decir, la convivencia de dos o más hogares en un mismo inmueble que genera hacinamiento de grupos familiares- alcanza a casi el 4% de los hogares en Mendoza.
En tanto, el déficit cuantitativo básico, que abarca a las casas con materiales irrecuperables que exigen erradicación o reemplazo total, afecta al 1% de los hogares locales, coincidiendo con el piso estructural que se registra a nivel nacional. Un dato negativo es que, de las cinco provincias con más de 2 millones de habitantes (Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe e incluyendo a CABA), Mendoza es la única que supera el punto.
Esto ocurre cuando la vivienda presenta al menos uno de los siguientes problemas: piso de ladrillo suelto, tierra u otro material precario; y techo de chapa de cartón o de caña, tabla o paja con barro (con o sin revestimiento interior).
Asimismo, las carencias asociadas al entorno ambiental y los servicios públicos presentan un impacto acotado en la medición local. El déficit cuantitativo ampliado, que mide la exposición de las viviendas a riesgos como la cercanía a basurales o zonas inundables, impacta en el 1% de los hogares mendocinos, marcando un claro contraste con provincias de alta vulnerabilidad ambiental como Tucumán (32%) o Corrientes (25%).

En lo que respecta al déficit cualitativo ampliado -vinculado de forma exclusiva a la falta de red de agua potable, baño adecuado o sistema de desagüe cloacal- la afección en Mendoza se sitúa en el 2% de las familias, ubicándose por debajo del 7% promedio registrado en el país y mejor que en otras grandes urbes.

El trabajo de investigación dedica además un apartado especial a la demanda habitacional latente centrada en los jóvenes no emancipados de entre 25 y 35 años. En Mendoza se contabilizan 264.294 jóvenes comprendidos en esa franja etaria. De ese total, el 61% logró independizarse y constituir su propio hogar, mientras que el 39% restante -unos 102.184 jóvenes-aún convive en la casa de sus padres o familiares. La media nacional es dos puntos inferior: 37%.

Al profundizar en este grupo no emancipado, el estudio detalla que el 27% reside en hogares que además enfrentan algún tipo de déficit habitacional, mientras que el 12% vive en inmuebles sin carencias estructurales.
