Uno ya sabe que el presidente de Estados Unidos es dueño del mundo, la pregunta es si será dueño de todas las cosas que pueblan el mundo. No creo, che, porque entonces sería casi un Dios, y a un dios no se lo elije por elecciones democráticas. Pero, bueno, podríamos decir que gran parte de las cosas del mundo le pertenecen. ¿Los animales también? Bueno, seguramente algunos animales debe tener en su gabinete.
Sabido es que las moscas son insectos dípteros aunque difícilmente ellas se sientan felices por ello. Por lo que se sabe, han existido siempre, y si bien en las Cuevas de Altamira hay dibujados muchos bisontes pero ninguna mosca, es probable que hayan acompañado al hombre desde su mismo comienzo. Son bichos molestos y constantes en su molestia, todos los conocemos. Son más insistidoras que vendedor ambulante.
Alguna vez ese gran poeta que es Antonio Machado las retrató en un poema irrepetible. “Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, evocáis todas las cosas”. En nuestro léxico popular hemos incorporado la palabra mosca para definir varias situaciones. Por ejemplo, no tener mosca es no tener un peso, es decir, ser argentino. Quedarse mosca es quedarse dormido, apolillado, sobre todo un lunes a la mañana. Mosquita muerta es aquella persona que bajo una apariencia inofensiva encubre cierto mal carácter.
Por si las moscas es por si acaso. Pues resulta que el presidente del mundo, Barack Obama, estaba concediendo una entrevista a un periodista norteamericano cuando una mosca empezó a molestarlo. Obama la siguió con la mirada, la midió, la esperó y cuando se le posó en una mano, con la otra le dio una palmada que la sacó de circulación de la vida. La mosca quedó mosca. La filmaron. Fue el cadáver de mosca que más difusión tuvo en el mundo.
¡Para qué! Varios movimientos ambientalistas y animalistas salieron a protestar contra la acción del presidente, sin siquiera ponderarle la puntería. En todo animal hay vida, dijeron, y hay que respetarla. No faltó el que comparara la acción antimosca de Obama con la invasión a Irak. Entonces, Obama pudo decir: “¿Por qué venden en todos lados mosquicidas, mosquiticidas y cucarachicidas? Ahora resulta que si encontrás una araña en la cama en vez de espantarla tenés que servirle el desayuno”. Pero, al final, Obama ni se mosqueó, y, claro, si él, un negro en la Casa Blanca, es como una mosca en la leche.
