¿Hay competencia entre Mendoza y San Juan? Bueno, a pesar de que siempre fueron provincias hermanas, integrantes de Cuyo –que así nos llamábamos en épocas pasadas–, siempre ha existido un poco de recelo en nuestras relaciones. Los sanjuaninos dicen que nosotros somos más agrandados que galletita en la leche, y los mendocinos dicen que San Juan es la capital del tenis, porque ¿Tenís semitas? ¿Tenis Champion? Y también del algodón ¿Va a querer algo, don? ¿Va a llevar algo, don? En esta época es evidente que la política que lleva adelante el gobierno sanjuanino es muy distinta de la que lleva atrás el nuestro. Gioja tiene muy buena relación con el Kirchnerismo y, de hecho, se ha transformado en uno de los notables del peronismo nacional. En cambio, Kake está más baleado que cartel de vialidad y, si bien tiene un vínculo con Cristina, no logra que ese vínculo se transforme en ayuda. Me quiere, pero no me afloja un mango. Soy su persona de sinfianza.

   Si hay un campo en el que las diferencias son más notables, ese es el de la Minería. Las minas sanjuaninas son más ricas que las de Mendoza. ¡Andá!, vos porque no vas por la Peatonal al mediodía, vas a ver cada mujer que parte la tierra, con unas delanteridades y posterioridades… perdón, Sosa, me refiero a las minas de minerales. ¡Ahhhhh! Aclarando dijo Ayudín. Sí, es cierto, mientras San Juan parece apuntarle todas sus fichas a las extracciones mineras a cielo abierto, algunas de las cuales están en plena actividad, Mendoza tiene un poco más de cuidado con la vida y dice: la contaminación no puede aceptarse. Pues, me alegro estar de este lado, che.

   Porque, en algún momento, esas explotaciones, por más atención que se les ponga, por más saneamientos que se hagan, terminan contaminando el agua, el aire, el cielo, el pasto, el pelo, la sangre. Hay mucha gente en nuestra provincia que está preocupada por el tema y que va a dar lucha si cambian las intenciones. Para mí, el asunto está bien claro, lo que dañe la vida, por más rentable que sea económicamente, no puede tolerarse, no puede admitirse. Sé que hay empresas a las que les importa un corno este pensamiento y que quieren el oro y, de ser posible, el moro también. Queridas megaempresas, los amigos del cianuro no son amigos nuestros.