Buenos días, a pesar de todo. Señores presidentes de los países de América del Sur, bienvenidos a esta tierra que hizo tanto por la libertad de los países de América del Sur. Yo sé que ustedes tienen la agenda llena y hasta para hacer pichí tienen que anotarlo, pero en una de esas pueden escuchar este humilde monólogo de buen augurio que les mandamos desde Canal 9. Trataré de ser escueto.

Lo bueno si breva, dos veces higo. Están ustedes en una tierra que alguna vez habitaron pueblos nativos, los huarpes, o sea los descendientes directos de su divinidad Hunuc Huar. Los huarpes fueron prácticamente exterminados por los españoles, que eran muy prácticos en exterminar.

Pero, bueno, conocerán ustedes la historia porque, seguramente, ha ocurrido lo mismo en sus países. Ahora sólo los tenemos en cuenta para la Fiesta de la Vendimia, primer cuadro en el que aparecen unos hombres con taparrabos haciendo “uhu, uhu”. Yo he estudiado la vida de los huarpes y les aseguro que sabían hacer muchas otras cosas aparte de uhu, uhu. Ellos domesticaron el agua.

La fueron trayendo desde los glaciares hasta cada parcela de tierra. Si tienen un tiempito, pidan que les muestren algunas y entenderán entonces por qué tanto verde, tantos árboles, tanta esperanza en un lugar que era un desierto. Claro que nos costó, y nos sigue costando, sólo 5 por ciento de nuestra provincia está cultivado, el 95 por ciento restante sigue estando en manos de la montaña o el desierto.

Por esas acequias con vocación de riego es que los inmigrantes pudieron hacer crecer las viñas que son nuestro gran sustento. Ustedes están en una de las zonas más nobles del mundo en vinos. Sé que lo tomarán en los almuerzos y las cenas que les tienen preparados, pero si pueden, busquen a un guitarrero cuyano y que les cante una tonada, entonces saboreen el vino de nuestra tierra, van a encontrar mucho amor en lo que toman por la boca y por los oídos y entonces comprobarán que el brindis tiene otro valor.

Ilustres visitantes, están ustedes en el lugar que eligió San Martín para forjar la libertad de cinco países. Fue nuestro pueblo de entonces el que puso el dinero, los bienes, las vituallas, el coraje y la vida para ir a levantar banderas nuestras en países que nos quedaban lejos de la distancia y la ignorancia, pero fueron. San Martín le decía a Pueyrredón, por entonces director Supremo de las Provincias del Río de la Plata: “Deme usted dos pueblos como Mendoza y libertaré América”.

Señores de los países hermanos. Están ustedes en una tierra única. Una tierra que dio ejemplos de heroísmo y de desprendimiento a la historia del mundo todo. Yo creo, y perdónenme la jactancia, que el Aconcagua fue puesto aquí para que toda América sepa dónde queda Mendoza.

Bienvenidos, que tengan una estadía maravillosa, y alguna vez, si pueden, si tienen ganas, tómense un día más para que comprendan que somos mucho más que las instalaciones de un lujoso hotel. Están en la tierra que acunó la libertad, espero, confío, en que ustedes, en vuestras acciones no se olvidarán de ella. Gracias por elegirnos y recuerden lo que escribió el Armando: “Nadie se va de Mendoza aunque crea que se va”.