Un animal virtual que “sobrevive” según lo que una persona come. Esa es la lógica detrás de una de las aplicaciones que hoy circulan en redes sociales, donde alcanzar un objetivo de calorías no solo implica cumplir una meta personal, sino también sostener la vida de una mascota digital.

La propuesta, que se presenta como un juego, gana terreno en plataformas como TikTok con promesas de resultados rápidos. Pero, según advierten especialistas, detrás de esa dinámica se esconde un sistema que puede alterar la forma en que las personas se vinculan con la comida.

Un fenómeno que crece en redes

La viralización no es casual. Los contenidos que promocionan este tipo de aplicaciones apelan a formatos simples y directos, pensados para generar impacto inmediato.

“Yo antes de empezar a usar el mapache / yo después de cuidarlo”, se lee en algunos videos, acompañados por imágenes de cambios físicos en pocos días. En otros casos, aparecen escenas cotidianas: “Cuando son las 10.59 y mi ayuno termina a las 11”, junto a una persona esperando con ansiedad que pase el tiempo para poder comer.

La lógica es clara: resultados rápidos, control constante y una narrativa de transformación.

Cuando la alimentación se reduce a un número

La aplicación BitePal utiliza inteligencia artificial para identificar alimentos a partir de fotos y estimar calorías. A partir de allí, propone objetivos de peso, plazos y seguimiento diario. El punto de partida parece inofensivo. El problema es lo que instala.

“Se reduce la alimentación a un número y se pierde la conexión con las señales internas de hambre y saciedad”, explicó a El Sol la licenciada en Nutrición Natalia Ortiz (M.P. 1576). Según detalló, esto puede generar rigidez alimentaria, ansiedad y culpa cuando no se cumplen los parámetros.

En esa línea, la psicóloga Natalia Reichert (M.P. 3294) agregó que el impacto no es solo nutricional: “La persona empieza a alimentarse en función de lo que la app valida. La comida deja de ser una experiencia y se convierte en un cálculo”.

El cuerpo no funciona por objetivos digitales

Otro de los puntos críticos es la posibilidad de fijar metas sin supervisión profesional, muchas veces alejadas de las necesidades reales del cuerpo.

“El descenso de peso abrupto activa mecanismos de defensa del organismo para ahorrar energía”, advirtió la médica pediatra Julieta Favier González (M.P. 13618). Y agregó: “Esto puede generar efectos a largo plazo, como el efecto rebote y distintos desequilibrios.

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Reichert coincidió en que este tipo de exigencias externas puede generar frustración: Se le pide al cuerpo que responda a tiempos que no siempre son posibles, y eso termina afectando tanto lo físico como lo emocional”.

El riesgo invisible: la relación con la comida

Más allá del impacto físico, los especialistas ponen el foco en el vínculo con la alimentación. “Comer deja de ser una experiencia de disfrute o un momento social y pasa a ser un cálculo”, sostuvo Reichert. En ese sentido, explicó que la lógica de validación externa modifica las decisiones alimentarias.

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Favier González coincidió y fue más directa: Se instala la idea de que mientras menos se come, mejor. Incluso, advirtió que estas dinámicas pueden generar culpa cuando no se cumplen los objetivos.

En la misma línea, Ortiz señaló que este tipo de herramientas refuerzan una mirada rígida, donde los alimentos se clasifican como “buenos” o “malos”, lo que puede derivar en conductas de compensación o restricción.

Un posible disparador de trastornos

En ese contexto, las especialistas coinciden en que estas aplicaciones pueden funcionar como un factor de riesgo.

“Refuerzan el control, la restricción y conductas obsesivas frente a la comida”, explicó Reichert, quien advirtió que, en personas vulnerables, esto puede actuar como disparador de un trastorno de la conducta alimentaria.

Favier González sumó que el mensaje implícito también es problemático: “Si no me restrinjo, no cumplo. Y si no cumplo, aparece la culpa”.

Por su parte, Ortiz indicó que distintos estudios vinculan el uso de estas aplicaciones con mayor insatisfacción corporal, comparación constante y síntomas asociados a trastornos alimentarios.

Por qué una app no puede reemplazar a un profesional

Frente a este escenario, las especialistas coinciden en un punto central: ninguna aplicación puede reemplazar el acompañamiento profesional. “No contemplan la historia, las emociones ni las necesidades reales de la persona”, explicó Reichert. Además, remarcó que tampoco pueden intervenir ante situaciones de malestar.

Las personas no somos máquinas. No se puede reducir la salud a un número, enfatizó Ortiz, y agregó que el abordaje debe contemplar factores biológicos, psicológicos y sociales.

Favier González coincidió: “Se necesita un acompañamiento profesional que evalúe, guíe y actúe ante posibles complicaciones”.

En adolescentes, el impacto puede ser aún mayor. Se trata de una etapa clave en la construcción de la identidad corporal y la relación con la comida. Introducir herramientas basadas en el control puede interferir en ese proceso.

En un entorno donde las tendencias digitales se imponen con rapidez, el desafío no pasa por contar calorías, sino por construir una relación saludable con la alimentación.