No se sabe a ciencia cierta si Alberto Fernández –una vez que alcance la Presidencia, como todos los pronósticos así lo indican–, llevará adelante a pie juntillas ese plan para los primeros 100 días de gobierno que le entregó la conducción nacional del Partido Justicialista. Tampoco si tomará una parte del estudio/informe/plan de gestión o si lo ignorará. Pero, al repasar el contenido del trabajo, el que se conoció al promediar la última semana, está claro que con Fernández el peronismo vuelve a generar esas expectativas de mejoras en los sectores de la población que se han constituido, a grandes rasgos, en esa base dura que lo ha venido acompañando electoralmente a lo largo de su propia historia.
Las propuestas que Fernández recibió y agradeció, y cuando hacía ambas cosas, recordó que parte de su equipo exclusivo de colaboradores se había inmiscuido en ese ordenamiento de ideas y acciones a llevar adelante, están basadas puramente en las penurias económicas que han tenido a maltraer a los argentinos a lo largo de toda la administración de Mauricio Macri. Está claro que el peronismo identificó la mayor demanda de la sociedad al prepararse para su vuelta al poder.
Lo que no se sabe muy bien, y en verdad parece que a pocos podría interesar, es el cómo se cumplirán la metas si es que, hay que aclarar, Fernández las implementa. El cómo no ha gozado de buena prensa en medio de la competencia electoral. Tan es así que Macri, en su cambio de chip desesperado luego del revés electoral que le infringió el resultado de las PASO del 11 de agosto, tampoco se ha ocupado en aclararle a los votantes cómo es que ahora sí se viene el alivio para los sectores medios, luego de ese puñado de medidas de ajuste que ordenó y aplicó sin tener en cuenta, mientras lo hacía, las consecuencias negativas que tendrían y que se vieron reflejadas en aquellas elecciones de agosto.
En la campaña, por ende, todo parece estar permitido al candidato que se precie, todo menos hablar de las angustias y de la situación real del país, lo que implicará, seguramente, seguir transitando por ese camino de espinas por mucho tiempo más, hasta que Argentina no resuelva del todo un trauma cultural del que no puede despojarse. El trauma que tiene adosada la Argentina es el negarse a enfrentar un proceso de cambio radical que significará el seguro padecimiento de sinsabores por un tiempo determinado en donde todos deben perder algo. Como ningún gobierno lo ha conseguido, porque probablemente ninguno se convenció de conducir ese necesario proceso, pues en la sociedad nadie cree en nada y nadie parece estar dispuesto a perder mientras otros ganan. Por el contrario, lo que se hizo carne en la piel de la mayoría ha sido lo que hoy está proponiendo el PJ y el propio Fernández y lo que, en el 2015, en parte, prometió hacer Cambiemos con Macri como estandarte.
Como las urgencias de hoy son eso, urgencias en medio de la emergencia para empeorar más la situación, quién de los candidatos se metería en asuntos que, en apariencia, a nadie le interesan, ni que tampoco quiere escuchar. El problema ulterior es lo que la historia nos ha venido mostrando: la frustración y la defraudación, las que aparecen cuando las expectativas generadas por los propios candidatos han sido enormes y, tras eso, el desánimo y otras tantas veces el desastre y la explosión social.
En el plan para los primeros 100 días del PJ aparecen muchas de las políticas que Macri dejó de lado cuando asumió la Presidencia en el 2015. Y hay, como en toda propuesta de campaña, un sinnúmero de consignas válidas mientras dura la competencia electoral. Dice el documento, que contiene casi 200 páginas, que “en los hogares argentinos no puede faltar la carne, el pan, la leche, la fruta ni las verduras” y le pide, le sugiere o le ordena al candidato, Fernández, cambiar la dirección económica con la atención puesta en aquella demanda de la mesa de los argentinos, cuando afirma que hay que “exportar todo lo que se pueda y dejar los saldos para la mesa de los argentinos. Debemos –acentúa– terminar con la falsa antinomia entre el consumidor interno y la exportación: la salida al dilema es producir más para todos, para el consumidor interno a precios accesibles y para la exportación también”.
Se leen otras promesas. Por caso, la vuelta de las indemnizaciones dobles para los despidos con el fin de desalentarlos, una medida que cuando se llevó a la práctica frenó la expulsión de trabajadores, pero no provocó, también como contrapartida, que se tomaran nuevos empleados. La inversión pública; el compre nacional; el uso de la Ley de Defensa de la Competencia; el congelamiento de las tarifas; las paritarias libres, pero con la condición de que los aumentos estén por arriba de las previsiones inflacionarias; la explotación de Vaca Muerta bajo una línea de acción dominada por la petrolera estatal YPF; la vuelta al crédito para la producción y el consumo; la aplicación de un impuesto extraordinario a la renta financiera; la devolución del IVA; la recuperación del plan de moratoria para las personas en edad jubilatoria a los que no les alcanzan los aportes o para quienes no los hicieron nunca; la redistribución de la carga tributaria y la eliminación de las retenciones para las economías regionales en serios problemas, son algunas de las medidas que contiene un documento que, durante el fin de semana, tuvo una importante difusión mediática, como uno de los golpes fuertes dado por el candidato de la oposición, favorito a imponerse el domingo 27 en las generales.
