Por debajo de las preocupaciones oficiales sobre la situación sanitaria de la provincia y de todo lo que el gobierno de Rodolfo Suarez ha dispuesto como reacción en ese paquete de medidas de excepción para frenar o contener, al menos, el avance del coronavirus, un extra de desasosiego inquieta a todo el Gobierno provincial, como a todos los gobiernos del planeta, hay que decir, en verdad: el impacto económico de esta crisis mundial no sólo dejará secuelas imprevisibles, sino que, además, no deja ver la magnitud de semejante colapso económico, que viene a sumarse a todo lo que ya se padecía.
Mientras Suarez reunía a parte de su equipo de gobierno en la residencia de la gobernación de La Puntilla, el domingo en la tarde, preparando el anuncio de las medidas que se conocerían por la noche, otro grupo de funcionarios se disponía a sacar las primeras cuentas, las más cercanas a la realidad, que dejarán como afectación negativa el paso de la pandemia. Y, sin contar con una evaluación definitiva en general, al gobernador se le ha informado que lo peor se verá en el área del turismo, precisamente, en un momento en que se encontraba en expansión en la provincia.
El turismo ha sido, en principio, la actividad económica más golpeada en el mundo desde que arrancara la propagación del virus, en diciembre del 2019. Un informe reciente del Consejo Mundial de Viajes y Turismo ha dado cuenta de que cerca de 50 millones de puestos de trabajo se perderán en el mundo entero, que los viajes disminuirían 25 por ciento en todo el 2020 y que la reducción de los trabajos en este sector específico oscilará entre 12 y 14 por ciento. Mendoza, claro está, no será la excepción. El golpe se trasladará sin escalas al sector gastronómico, particularmente, al sector informal, el que dejará sin empleo a cientos de jóvenes, muchos de ellos, al frente de un hogar, que ni siquiera están registrados en los radares oficiales.
De ahí que Suarez lanzó aquel pedido especial al presidente Alberto Fernández: que disponga la prohibición de los despidos. El asunto fue motivo, incluso, de una elíptica crítica del ex gobernador Alfredo Cornejo, quien no dudó en calificar ese tipo de acciones como “populistas” y “demagógicas” –aunque evitando pegar de lleno en la figura de su socio político al frente del Gobierno–, cuando fue consultado en el programa Opinión de LVDiez. Y, promediando la jornada, el propio Cornejo daría a conocer un proyecto de ley para que el Ejecutivo nacional tome nota de lo que está ocurriendo en el sector de las pymes vinculadas al turismo y contemplar, por caso, disminución de impuestos y de cargas patronales, e incluso, prever la posibilidad de suspender el impuesto PAIS, consistente en el 30 por ciento de recargo para la compra de paquetes internacionales.
En el gobierno de Suarez creen que el impacto sobre las cuentas fiscales nacionales no sería tan dramático si se decidiera salir en el salvataje de las pymes, como el que resultaría si muchas de ellas, por no decir la mayoría, sufriera un quebranto por causa del coronavirus. A Suarez se le acercó un informe que el propio gobernador podría elevar a la Presidencia para ir en apoyo de estas empresas para evitar, más que nada, el desempleo que se producirá. Se habla de unos 40 mil millones de pesos, los que serían necesarios para sostener, en parte, los salarios de los trabajadores y operadores del sector, bajo la forma de créditos para capital de trabajo, a tasa cero y por el lapso de los próximos tres meses. Incluso, en términos inflacionarios, esa medida podría tener un impacto de un punto agregado a la inflación del año, muy poco, advierten en el Gobierno de la provincia, frente al perjuicio que se produciría por no hacer nada.
Pero, el repaso de las afectaciones económicas del equipo de Suarez pasó también por el sector petrolero, que se ha visto agravado por la global crisis del coronavirus, pero que ya venía padeciendo una baja del crudo a nivel internacional que ha producido fuertes desequilibrios en el país y, por obvias razones, a Mendoza como productora. Para el gobierno de Suarez, especialmente en el tema petrolero, la administración de Fernández ha actuado lentamente, quizás, deliberadamente de forma lenta.
El punto es que el precio del petróleo se ha desplomado desde hace varios días, de 52 dólares a poco más de 30 dólares, mientras que el valor de los combustibles se mantiene igual, sin acompañar, al menos, en el porcentaje ese descenso internacional. Esta ecuación está haciendo estragos en empresas directamente y en aquellas que prestan servicios petroleros, las que, sin embargo, están haciendo una diferencia de varios miles de millones de dólares son las refinerías, que adquieren el crudo a un precio cada vez más bajo y venden sus naftas a un precio inalterable. “La transferencia de recursos de los consumidores hacia las refinerías ha sido y sigue siendo monstruoso”, dijo un especialista que ha trabajo en el informe que recibió Suarez hace algunas horas. La salida de esta situación o, al menos, una de ellas, sería volver a la época del barril criollo, aquel que tenía vigencia dentro del país y que, cuando se producían alternaciones en el ámbito internacional, su precio se mantenía inalterable para que las empresas no perdieran y no dejaran de producir.
Como sea, el coronavirus llegó para agravar aún más la mala situación económica y financiera, crónica y estructural, que padece la Argentina, y Mendoza, claro está. Lo obvio es que, de no tomarse las medidas de confinamiento que se están ordenando, todo sería peor.
