Viene haciendo goles de a tres, y algunos de ellos de impresionante factura. Los elogios son tan abultados, tan excelsos, que si Maradona tiene una iglesia propia, Messi al menos parece tener un concilio ecuménico. La verdad es que el pibe la rompe, elimina a los rivales como si fueran postes, elude arqueros con una facilidad asombrosa, coloca la pelota en el lugar del arco que quiere. Se hace más difícil de parar que un viento Zonda. Un rival se puso en la barrera ante un tiro libre que iba a patear Messi dándole la espalda a la pelota. Después dijo que no quería dejar de ver el golazo que iba a hacer Lío. Algunos rivales han tratado de pararlo por medios no futbolísticos, como patada voladora, multa por exceso de velocidad, averiguación de antecedentes, falta de documentos, control de alcoholemia, pero no les da resultados. Es imposible de detener con las piernas, con las manos y con los dientes puede ser, pero con las piernas no. Y, por supuesto, vienen las comparaciones, que es más grande que Pelé, que es mejor que Maradona, y un diario español termina de aventurar que puede ser el mejor jugador de todos los tiempos. Con su metro 69 centímetros anda haciendo locuras por las canchas de Europa, tiene apenas 22 años, o sea que, a ojos de buen cubero, le quedan todavía diez años para disfrutar su vigencia. Si hasta ahora ha hecho lo que ha hecho, ¿qué es lo que puede hacer en diez años más? Ahora bien, los argentinos se preguntan: ¿por qué no rinde en la selección como rinde en el Barcelona? Es un misterio, che, algunos dicen que es por falta de continuidad, en el Barça juega dos veces por semana, en la Selección, de vez en cuando en el año. Viene el Mundial, falta muy poco, los millones de argentinos que aman al fútbol tienen un solo ruego, que Messi juegue como sabe en Sudáfrica. Entonces, si lo hace, si sale victorioso, vamos a tener que cambiarle el apellido, y, en vez de Messi, llamarlo el Mesías.