“La circunstancia de no haberse liberado a la víctima o no ubicar por el momento a la misma, no impide tener por acreditado el hecho…”.

La investigación por la desaparición del empresario Diego Alfredo Aliaga (51) se trabajó en profundidad desde los primeros momentos de la denuncia inicial que se tramitó en la Fiscalía de Homicidios de Mendoza, cuando la fiscal Andrea Lazo estaba de turno.

Gonzalo Rodolfo Aliaga León, hermano del señalado hombre más buscado de la provincia, fue quien se dirigió hasta una dependencia de la Justicia ordinaria para radicar una denuncia por averiguación de paradero, ya que temía que algo le había sucedido dos días antes a su familiar directo. Reinaba la preocupación y así lo dejó plasmado en la Oficina Fiscal Nº19 el 29 de julio a las 21.07.

La fiscal Lazo abrió el expediente P-56311/20 para buscar rastros que lleven a dar con el empresario pero todo cambió después de las 13 del jueves 30 de julio, cuando sonó el teléfono del fiscal federal Fernando Alcaraz.

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Era su par de la Justicia local, Lazo, quien le comunicó que en una de las Oficinas Fiscales a su cargo Gonzalo Aliaga había formulando la denuncia formal por la desaparición de su hermano y que, al otro día a las 12.56, el teléfono particular de este hombre recibió una llamada del número 2612646468, en la que una voz fingida le advertía: “Dejá de revolver el avispero y andá juntando el palo verde que ya te vamos a llamar”.

Todo cambió a partir de ese momento. Las actuaciones cruzaron de fuero. Y el fiscal federal inició otro expediente, el FMZ 12062/2020, caratulado N.N. s/SECUESTRO EXTORSIVO. Cuatro días después, cuatro personas terminaron tras las rejas.

Alcaraz les imputó ese delito agravado por la participación de tres o más personas (prevé una pena mínima de 10 años de cárcel) y ordenó días después que pasen a la cárcel.

Esta semana, el juez federal Marcelo Garnica, tomó contacto con las actuaciones y notificó la resolución más importante hasta el momento: dictó el procesamiento con prisión preventiva de Diego el “Gordo” Barrera (50), su pareja, Bibiana Sacolle (46), y los hijos de ella, Lucas (26) y Gastón Curi (28).

A todos les fijó un embargo de 5 millones de pesos a cada uno y ordenó, tal como había solicitado la fiscalía, que se realicen peritajes psiquiátricos.

La pareja era socia económicamente de Aliaga en un emprendimiento que estaban desarrollando en Rodeo de la Cruz y para la Justicia, de acuerdo con las pruebas incorporadas durante un mes de trabajo, como declaraciones testimoniales, medidas investigativas e informes vinculados con líneas telefónica, allanamientos, inspecciones oculares, tareas de campo, análisis de cámaras de seguridad, entre otros peritajes, tuvo relación directa con la desaparición del empresario y ex despachante de aduanas.

Pasaron más de treinta días y nada se sabe acerca de Aliaga. No hubo más llamados ni se encontraron pistas concretas para hallar un cadáver. Los sabuesos de que trabajan en el caso sostienen que no se fue el país y que sufrió un atentado contra su vida.

El Sol reconstruyó el caso Aliaga, considerado uno de los más impactantes de los últimos años en la provincia, y revelará cada uno de los movimientos investigativos que se desarrollaron desde el inició de la instrucción hasta el dictado del procesamiento con media cautelar que afecta la libertad.

Minuto a minuto

Diego Aliaga y Diego Barrera se conocían desde hacía algunos años. Eran amigos y socios. Esta relación no se expandía tanto a las familias de ambos lados, aunque algunos parientes participaban de los negocios que estaban montando.

Movían mucho dinero y en sus conversaciones por las diversas transacciones, señalaron los testigos, hablaban de millones de dólares. No de uno ni de dos. Montos y deudas que superaban los seis o siete millones en billetes de moneda estadounidense.

El lunes 27 de julio compartieron el día juntos, charlaron sobre inversiones y hasta almorzaron en el restaurante Don Mario, ubicado en el centro comercial Palmares de Godoy Cruz, muy cerquita del complejo privado donde vive Aliaga.

Ese mismo día, un compañero de cartas y amigo del barrio, el abogado Luis Francisco Álvarez, le prestó por dos días una camioneta BMW X6 negra porque supuestamente la suya, una Porsche Cayenne, había sufrido un desperfecto mecánico.

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Esa jornada, a las 21.30, Aliaga volvió a su casa acompañado de dos mujeres. Allí estuvieron toda la noche. Y Barrera se sumó al encuentro. Por el análisis de las cámaras de seguridad del barrio exclusivo, una de las mujeres se retiró a las 0.30 del martes 28, es decir, el día que Aliaga desapareció.

Y en este punto comenzaron a indagar los detectives. Aliaga, Barrera y la mujer restante se quedaron a dormir en el domicilio.

Barrera fue el segundo en salir de la propiedad, minutos antes de las 5 y en soledad, en un vehículo propiedad de su amigo: un Chevrolet Camaro negro dominio AB496DF (desde el entorno de Barrera aseguran que ese vehículo era de él y que se lo había comprado recientemente a su socio).

Los movimientos en la casa de Aliaga no terminaron allí. A las 8.48, las cámaras de egreso del barrio tomaron al empresario y a la otra mujer saliendo en la camioneta BMW que le había prestado su amigo letrado.

Media hora después, Aliaga fue detectado en Maipú, cerca de la casa de la mujer que lo acompañaba, a quien la llevó hasta su domicilio de un barrio maipucino. La mujer, de cabellos oscuros y largos, llevaba un tapabocas blanco que contrastaba con su look.

Hizo una parada previa antes de llegar a su destino final, a las 9.12. Fue en la estación de servicios YPF San Sergio de calle 25 de Mayo 16700, donde compró café para él –lo tomó al lado del vehículo- y un yogurt para su acompañante.

Siempre conduciendo la camioneta, se dirigió hasta el predio de su propiedad, ubicado sobre calle Bandera de los Andes 9846, en Rodeo de la Cruz, Guaymallén.

Ingresó a las 9.53, detectaron dos cámaras de seguridad de la zona que se encuentran sobre un galpón ubicado sobre esa calzada a la altura 9822, es decir, frente en diagonal al domicilio. Esa fue la última vez que se lo vio con vida. Desde ese momento, no se tuvo más noticias sobre su paradero.

Dejó estacionado el vehículo en la vía pública e ingresó a pie. Vestía ropas oscuras en la parte superior, un tapabocas negro y un pantalón de jeans azul.

Esa propiedad pertenecía a Aliaga. Y allí se encontraban realizando refacciones porque tenía pensado instalar y poner en funcionamiento un centro de rehabilitación para personas con discapacidad. Por las pruebas anexadas a la causa, se supo que Barrera y su pareja, Sacolle, participaban de la inversión.

La mujer de 46 años sería la persona que conocería sobre la temática de rehabilitación de las personas y también participaba personalmente en el proyecto de refacción del lugar a través de diversas obras.

Cuando Aliaga ingresó al domicilio, Barrera ya se encontraba en el lugar. Las mismas cámaras lo captaron ingresando a las 6.40 (una hora y media después de haber dejado la casa de Aliaga, en el barrio Palmares). Lo hizo en el mismo vehículo de alta gama, el Camaro.

Una hora y 25 minutos después fue detectado llegando al predio Gastón Nicolás Curi. Este joven de 28 años, siempre de acuerdo con la declaración de los testigos, se movilizaba en Chevrolet Celta rojo dominio KVM021. Los detectives agregaron que tuvo un rol fundamental en la retención y desaparición de Aliaga.

Un dato que tiene la investigación y no había trascendido apunta a la participación de un quinto hombre en el hecho. Los detectives lo marcaron ingresando al domicilio de calle Bandera de los Andes varias veces pero no lo tenían identificado. Sin embargo, en las últimas horas se avanzó en la causa y podría ser imputado en las próximas horas. 

Por ahora, el dato se manejaba este jueves con total reserva. Pero en la fiscalía de Fernando Alcaraz esperaban avanzar sobre esta hipótesis.

El transporte escolar

Entre las 8.36 y las 8.42 ingresó otro de los vehículo que terminó siendo clave en la investigación, una combi naranja con rayas blancas Mercedes Benz Sprinter.

Ese rodado habría sido utilizado para trasladar a Aliaga mientras se encontraba privado de la libertad. En el interior del inmueble se hallaban otras personas que tenían el objetivo de reducir a Aliaga y subirlo a la Sprinter. Entre ellos se encuentra el “quinto hombre” que primero fue llamado como testigo y su situación podría cambiar en las próximas horas.

De acuerdo con la reconstrucción, se  presume que Aliaga fue reducido y trasladado a otro sector para continuar con el plan de secuestro. Y ese lugar fue un galpón que Barrera tiene sobre calle Jujuy 840 de la Cuarta Sección de Ciudad, a donde guardaban vehículos de una empresa de transporte que tiene Sacolle.

Con Aliaga desaparecido, las maniobras de ingreso y egreso al predio de calle Bandera de los Andes fueron constantes. Y los protagonistas siempre fueron los mismos, principalmente, los hermanos Curi y Barrera.

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Diego Barrera, a las 13.26, salió del inmueble e ingresó la camioneta BMW en la que se movilizaba Aliaga, la que había sido estacionada en la vía pública. Se subió y la ingresó al predio. Hasta las 18.20, las cámaras de seguridad registraron movimientos atípicos en el lugar.

Y la mayoría fue de gente entrando y saliendo y también cambiando de posición de autos. “Maniobras distractivas y también de control en la zona. Se aseguraron que nadie los estuviera espiando. Salieron y entraban en los autos y daban vueltas por la zona”, graficó un detective consultado por este diario.

35 minutos en la casa

Uno de esos vehículos utilizado por Barrera, un Jeep Wrangler negro, fue capturado saliendo a esa hora para dirigirse al barrio Palmares.

El sospechoso número uno de la causa ingresó al barrio privado gracias a la tarjeta de uno de los vecinos –la del abogado Álvarez- y también lo captaron las cámaras de seguridad.

A las 18.59, entró a la casa del empresario. Y siete minutos después, las cámaras dejaron de grabar. Desactivó el sistema de control.

Barrera se retiró del barrio a las 19.34 con la misma tarjeta que había usado para poder ingresar. La casa no estaba revuelta, pero estiman que apuntó a un sector donde se cree que había elementos de importancia para él, como títulos de propiedad y otros documentos.

Ante la familia Aliaga, Barrera, cuando todavía no era un sospechoso, dijo que había ido hasta la casa con el permiso que le había dado su socio para llevarle cigarrillos y y Coca Cola. Pero nadie le creyó. Por estas contradicciones, pasó a ser el sospechoso y quedó detenido cuatro días después.