El ahogo financiero de Mendoza es notable y palpable. Los números, evidentemente, están en rojo, lo que impide cumplir con las principales obligaciones. Pero, también, es importante que las negociaciones con el Gobierno nacional, a la espera del anunciado “salvataje”, tomen mayor fuerza y coraje. Esto, principalmente, por el comportamiento que mantuvo la gestión de Rodolfo Suarez con la administración de Alberto Fernández desde el inicio de la pandemia del nuevo coronavirus.

Sin dudas, el gobernador se sumó a las medidas y decisiones que fueron bajando desde la Casa Rosada, aun con las críticas internas por no despegarse. Por eso, llegó el momento de reclamar y exponer todavía más la situación, teniendo en cuenta los frentes complicados que tiene Mendoza en el horizonte, con aguinaldos postergados y deudas que aspiran a reperfilarse.

Las demoras pueden estar de ambos lados, pero, en este sentido, se hace imperioso que las autoridades locales insistan acerca de las necesidades de la provincia y las diferencias que se perciben en la ayuda a otras jurisdicciones.

Mendoza debe luchar por sus intereses y hacerlos valer en el orden nacional, sobre todo porque es una provincia que históricamente ha mantenido una senda de cumplimiento en materia económica y financiera, más allá de los problemas que ha tenido en el camino o los errores de cálculo que pudo haber cometido. Es hora de exigir que la ayuda se concrete para que las arcas públicas, pero sobre todo los mendocinos, puedan respirar un poco más tranquilos, en medio de tanta incertidumbre.