Si pensamos en términos antiguos, podríamos decir que los seres humanos estamos hechos de los cuatro elementos: somos aire cuando pensamos, fuego cuando intuimos, agua cuando sentimos y tierra cuando actuamos.

Esta clasificación rudimentaria resulta ser bastante potente y fácil de usar cuando logramos comprenderla. Tener presente esta idea y evaluar qué elemento domina nuestra naturaleza y nuestros días nos permite comprendernos mejor a nosotros mismos y desarrollar mayor empatía con otros.

Astrológicamente puedes saber que predominancia tiene tu naturaleza; sin embargo no es necesario saber de astrología o conocer la carta natal, sólo basta poner un poco de atención a las palabras que usamos y las actitudes que tomamos para darse que elemento predomina al momento de tomar decisiones, de amar o de asuntos cotidianos como los quehaceres diarios.

Todas las personas tenemos a disposición estas cuatro formas de ser, actualmente está sobrevalorado el fuego y la tierra, creemos que sólo el impulso activo y el esfuerzo nos conducen a la estabilidad material, la tranquilidad y el estatus que es lo que socialmente se agrupa bajo la palabra “felicidad”.

Suena un tanto distópico que después de 140.000 años en la tierra nuestra especie siga definiendo su felicidad según valores de sobrevivencia.

Así como en los dibujos animados de La Leyenda de Avatar, existen personas de la tribu agua, fuego, tierra y aire cada uno de nosotros tiene una energía característica, pero al igual que el Avatar todos podemos usar las cuatro energías y es el balance de elementos lo que nos conduce a un buen pasar.

¿Por qué es importante materializar los sentimientos? ¿por qué es esencial traducir el agua a la tierra? porque es una ley del amor, es una ley de este plano de conciencia, de esta dimensión. Vivimos en un mundo material en donde toda forma de energía sólo se vuelve evidente cuando ingresa al submundo de la partícula.

Somos conscientes de la energía únicamente cuando se transforma en materia. Es por eso que el amor se debe demostrar con hechos, no sólo impulsos esporádicos, no sólo con palabras, no sólo con la pureza del sentir. La naturaleza del amor en este nivel es material.

La metáfora de los cuatro elementos fue ex profesa de la época helénica de la humanidad para explicar con simpleza el funcionamiento de la naturaleza humana y parte del universo. Demostrar con hechos cotidianos nuestro dolor, rencor, alegría, respeto, interés, confianza, fortaleza y pasión permite hacer visible el mundo interno que nos habita, es una forma de contarle al otro lo que nos pasa y como toda manifestación de energía es mejor recibida cuando se hace de a poco, de buena forma y a diario.

No hay represa capaz de contener un mar, sólo los bordes del continente en donde juntos forman una playa.