Julián Andrés Ragonese es conocido en el mundillo policial–judicial como el estafador sin suerte.
El mote se lo ganó porque, en 47 días, fue condenado dos veces por comprar diversos elementos con documentos de valor que provenían de chequeras robadas por montos que alcanzaron el millón de pesos.
Este miércoles por la mañana, luego de un acuerdo entre el fiscal de Delitos Económicos Flavio D’Amore y la defensora Verónica Araujo durante un juicio abreviado, Ragonese recibió la pena de 2 años y tres meses de prisión efectiva.
Un dato que siguen los detectives policiales de Investigaciones y el fiscal que trabaja este tipo de casos sostiene que Ragonese usaba el mismo modus que un compinche de la vida delictiva, Rodrigo Raía, otro hombre vinculado a maniobras fraudulentas que fue sentenciado la semana pasada a cuatro años y medio de encierro.
La historia procesal de Ragonese sostiene que, el 12 de junio, fue sentenciado a seis meses y 25 días de cárcel por haber perpetrado una estafa y un robo simple en grado de tentativa.
Ver también: Condenaron a un estafador serial por comprar con cheques truchos
Por aquellos días, estaba en una celda de la cárcel de San Felipe porque era uno de los ejecutores de las estafas lideradas por Raía. Al no tener fallos condenatorios previos, Ragonese ese día recuperó la libertad.
Pero la estadía en la calle le duró pocos días, precisamente 20: el 2 de julio fue detenido nuevamente por una estafa tras una serie de denuncias por comprar elementos con cheques denunciados como sustraídos.
La historia del nuevo fraude de Ragonese comenzó cuando el 29 de junio, él y otros sujetos –se reservan sus identidades porque están siendo investigados– compraron en una empresa de Maipú un autoelevador con tres cheques de pago diferido por un total de 800 mil pesos.
Esos documentos se encontraban denunciados, sostiene la instrucción. La maniobra delictiva se confirmó cuando el dueño de esa firma recibió el llamado de un amigo días después en el que le informaba que le ofrecían la máquina que había vendido por un precio inferior al real.
Esto motivó a que la víctima se contactara con los titulares de la chequera para conocer su origen.
En ese momento supo que los documentos eran robados y esto lo llevó a activar el GPS del autoelevador para intentar localizarlo.
Horas después, radicó la denuncia penal en la Fiscalía de Instrucción Nº7, debido a que la máquina de trabajo se encontraba en jurisdicción de Lavalle.
Cuando efectivos de Investigaciones llegaban hasta el lugar donde se encontraba, detectaron que estaba siendo cargada a un camión para trasladarla hasta otro lado.
El fiscal Flavio D’Amore ordenó que, en vez de detenerles la marcha, lo siguieran hasta el lugar donde se dirigía. El pesado rodado se trasladó hasta la localidad de Pedro Molina, en Guaymallén, y en ese momento se produjeron las detenciones.
Fueron dos hombres y una mujer los que cayeron en las redes policiales-judiciales. Y para sorpresa de los detectives uno era Julián Ragonese.
Al tener al “estafador sin suerte” otra vez entre las rejas, los pesquisas sospecharon que podría estar relacionado a otra estafa cometida en esos días, concretamente el 20 de junio.
Un comerciante de Luján había denunciado que le habían entregado dos cheques de pago diferido de la empresa “Baus Constructora” por un total de 200 mil, contaron fuentes judiciales a El Sol.
Esto, por la venta de diversos elementos para un almacén, como dos heladeras exhibidoras, una sierra carnicera, una cortadora de fiambre, un freezer y dos balanzas.
En este caso, el comerciante lujanino se enteró que los cheques eran apócrifos cuando fue a un banco para cobrar el primero de ellos.
Así las cosas, Ragonese fue a rueda de personas y las dos víctimas lo reconocieron como su estafador.
Con los elementos recuperados –los del comerciante de Luján fueron hallados durante un allanamiento en Las Heras–, la defensa y la fiscalía acordaron un nuevo juicio abreviado y la juez María Cristina Pietrasanta lo condenó a dos años y tres meses de encierro efectivo.
