Habitualmente creemos que la mayoría de los inicios deben ser impulsivos, sin tanto plan, porque planificar implica pensar y pensar implica dudar. No siempre es así, pero seguramente muchos de nosotros tenemos anclada la creencia mental que para lograr algo grande se requieren grandes recursos, un golpe de suerte o de un gran coraje.
¿Podemos los simples mortales ejecutar planes y atrevernos a iniciar algo nuevo? Por supuesto que sí. Desde una mirada astrológica la vida es una aventura y nuestra alma viene a vivir experiencias, como si fuéramos periodistas describiendo historias, y gran parte de ellas deberíamos vivirlas en carne propia y no sólo focalizarnos en las experiencias ajenas. Esto implica tomar el control de mi propia vida, revisarla, desearla, planificarla y vivenciarla.
Es un año complejo y denso, pero con el tiempo nos daremos cuenta que habrá sido un gran año porque a veces necesitamos hacer una limpieza profunda de lo que, creemos, nos sirve o tenemos miedo a perder, pero en realidad nos genera ansiedad constante y nos limita a vivir más liviano.
Este año el universo está limpiando todo aquello que nos impide vivir nuestra propia aventura. Para que al final, cuando definitivamente nos vayamos, el viaje tenga sentido debemos hacer que día a día tenga sentido. Es la suma de pequeños pasos. Es la suma de las aventuras diarias la que constituye el viaje en sí.
Todo inicio tiene una etapa previa invisible que está gestando el cambio, como todos los cambios bioquímicos que sufre una semilla antes de germinar, una batería de enzimas son liberadas desde dentro para ablandar la cáscara y dar paso a la primera punta de raíz que sale al mundo visible. Lo mismo que le sucede a la semilla nos sucede a nosotros: antes de emprender es necesario ablandar la cáscara para que lo nuevo emerja y eso es lo que hemos estado haciendo toda esta primera mitad del año. Ahora ha llegado el tiempo de ser valientes y sacar nuestro brote al mundo. Ha llegado el momento de actuar.
Es tiempo de actuar, planificar y confiar, confiar en nuestra experiencia previa, en nuestra propia madurez y en toda esa fuerza que tenemos; pero que no se manifiesta hasta que llega el momento, porque los límites sólo se atraviesan cuando decidimos ir más lejos. Somos seres de lenguaje, nos constituyen los relatos, las historias que nos contamos y es nuestra responsabilidad, nutrir y actualizar nuestras historias para ampliar nuestros sueños y mejorar nuestra aventura. Tal vez estamos en condiciones de comprender que confiar no implica cederle el poder al otro y esperar que la vida resuelva lo que yo no puedo hacer. Tal vez confiar no significa ir a ciegas, como lo explica David Bohm en «La totalidad y el orden implicado», hay un orden intrínseco que cada parte de mi conoce y sólo debemos dar la energía, atención y disciplina necesaria para que se desarrolle.
“Toda la información de un árbol está en una semilla, así como toda la información para nuestra mejor vida está en nosotros mismos”.
