Estación de servicio de calle Mitre y Barcala. La empleada del drugstore exige, como corresponde, que todos los clientes ingresen con tapaboca. Es el protocolo más básico de todos; especialmente en un lugar con un alto tránsito de personas. Nadie se ofende por eso. Al contrario: agradecen la responsabilidad de la chica que está en la caja. Sin embargo, ingresa un empleado con el rostro descubierto y el barbijo colgando. “Por favor, ponete el barbijo”, le dice, casi en secreto, ella para no exponerlo. “¿Para qué? Es toda una mentira”, dice en voz alta en local. Nadie le festeja el chiste. Incluso así, se paseó por todo el salón como si nada.