La imagen de las cinco chicas en el estadio Azadí de Teherán se viralizó esta semana. Cinco aficionadas del Persépolis que, ante la prohibición que Irán impone a la presencia de mujeres en los campos cuando se enfrentan equipos masculinos, decidieron disfrazarse para no perderse el partido de su club contra el Sepidrud. Y ganaron. No solo porque el Persépolis venció 3-0 y se hizo con su 11º título de la liga iraní, sino sobre todo porque consiguieron burlar la vigilancia.
Su odisea, aplaudida por las activistas en las redes sociales, constituye un desafío a las leyes de la República Islámica. La última vez que las iraníes pudieron asistir a un partido fue el 5 de octubre de 1981.
Sin embargo, la pasión por el fútbol que despierta a las mujeres va más allá y buscan la manera de sortear estas dificultades como lo hizo este grupo de jóvenes. Si bien pudieron disfrutar del partido hay antecedentes de otras que resultaron heridas cuando intentaban acceder a un partido para la clasificación en el mundial en 2004.
No está claro cuál es el argumento para la prohibición. Ante la posibilidad de áreas separadas, quienes se oponen, dicen que las mujeres no debieran oír los juramentos que son habituales entre los aficionados.
Desde que el año pasado Arabia Saudí levantara su veto a las mujeres en los eventos deportivos, Irán se ha convertido en el único país del mundo en excluirlas.
