Buenos días, a pesar de todo. La lucha entre mujeres y hombres no ha de terminar nunca, porque ambas especies son de naturaleza distinta y no vale decir: “Te entiendo, me pongo en tu lugar”. No es cierto, no nos podemos poner en el lugar del sexo opuesto porque, para eso, deberíamos tener el sexo opuesto. Hay diferencias y, como dicen las francesas: “¡Viva esa indiferencia!” Somos esencialmente diferentes y, entonces, tenemos opinión formada sobre esos o esas que son diferentes de nosotros.
Por lo tanto, vienen los chicaneos de los hombres: “Cuando busques una mujer para casarte, buscala flaca y muda, que gordas y charlatanas se vuelven solas”. “¿Machista yo? Machista, Dios que las hizo inferiores”. “¿Quién inventó el parlante? Dios, en el paraíso con una costilla de Adán”. “¿Cuál es la forma de conseguir que una mujer pase un fin de semana riéndose? Le contás un cuento el miércoles por la tarde”. Llega el marido del trabajo, se sienta en la mesa de la cocina y la mujer le pregunta: “¿Te sirvo?”.
“A veces”, le dice él. Sé que te estás riendo, guachito, pero no goces tanto que ahora van los conceptos de las mujeres hacia los hombres. “¿Por qué no puede ser un hombre guapo e inteligente a la vez? Porque sería una mujer”. “¿Qué harían las mujeres si no existieran los hombres? Domesticarían a cualquier otro animal”. “¿Qué hace una idea en el cerebro de un hombre? Eco.
¿Y dos? No se sabe, nunca se ha dado”. Nadie ganará nunca la guerra de los sexos, existe mucha fraternidad con el enemigo. Los hombres dicen que las mujeres son gastadoras, charlatanas, demoronas, protestonas y que les duele la cabeza de noche muy seguido. Las mujeres dicen que los hombres son fanfarrones, desprolijos, a veces mugrientos, despectivos y, a menudo, ni con Viagra, mire y vea.
Y se chicanean permanentemente, tratando de demostrar superioridad en algunos temas. Dice un refrán machista: “La mayor parte de los accidentes automovilísticos es culpa de los hombres, al prestarles las llaves de auto a sus mujeres”. Muchachos, me parece que a este partido lo perdimos. La agrupación Luchemos por la Vida realizó un estudio que devela que las mujeres manejan más seguras que los hombres.
El estudio dice que ellas participan en accidentes con menor peligro, si hablamos de heridos y muertos, y son más precavidas, por ejemplo, utilizan 46% más que los hombres el cinturón de seguridad. Los hombres las superamos en sobrepasos inadecuados, exceso de velocidad, burla a los semáforos y en conducir alcoholizados. Así que, señora, cuando ande en auto con su marido, no se la pase diciéndole: “Frená, frená, pará, doblá a la izquierda, no lo pasés ahora, tocale bocina, doblá a la derecha, dale, más rápido”, mejor maneje usted, señora. Es mucho más seguro.
