Bueno, por fin un tiro para el lado de la Justicia. Estoy contento porque desde este espacio hemos comentado varias veces nuestra preocupación por los glaciares. Mendoza es “glaciardependiente”, 90% del agua que consumimos viene de la nieve acumulada en la cordillera y de estos señores de hielo que visten las paredes sur de algunas montañas. Cuando escasea la nieve, estos señores nos dan el jugo de sus entrañas y, entonces, la vida en el desierto, que eso fuimos durante millones de años, se hace posible. Sabemos que los glaciares están en plena fase de disminución, que se retraen, que ha perdido gran parte de su helado cuerpo. Son las consecuencias de las tonterías que comete el hombre con el hombre. El calentamiento global del planeta es una cachetada que nosotros nos damos en nuestra propia cara, un patadón de puntín que nuestras piernas le dan a nuestro poto. Sabemos que los glaciares están en retroceso y eso es, para Mendoza, entrar a dudar del futuro. Pero no sabemos mucho más, ni siquiera sabemos cuántos glaciares tenemos, cuales son sus potenciales, en qué condiciones se encuentran, cuáles son sus enfermedades. Pues parece que ahora vamos a encarar en serio el problema. Ya tiene media sanción en el Senado la nueva Ley de Protección a los Glaciares, y la Nación y nuestra provincia se han puesto de acuerdo para realizar un censo de glaciares para saber todo lo que se pueda de esos ríos de hielo que existen y que el futuro pueda conjugar el verbo vivir. Para conocer cuáles son las reservas hídricas de una comunidad que crece constantemente, pues la producción hijícola sigue en aumento. Bien, che, buena medida. Vamos a comenzar a cuidarlos como ellos se merecen. Conocerlos es el primer paso y tenemos que darlo. Cuando pasemos por un árbol verde de nuestra ciudad, de nuestro pueblo, de nuestro campo, echemos un gracias al viento, que vaya hasta la nieve y hasta los gigantes de hielo. El agua: bendita seas, señora, que nos has hecho posible. Por vos, y por el esfuerzo de nuestros abuelos es que Mendoza puede contar su historia. Ningún verde en mi tierra creció de vicio, el verde es una historia de lo vivido. Por eso, si algo sobra, es la esperanza, el que riega confía en que habrá un mañana.