Todo está en crisis en Argentina. Todo parece estar en permanente ebullición. Falta calma y gente, particularmente de la dirigencia, que esté pensando con la mente fría. En la Argentina preelectoral resulta imposible reflexionar sobre lo que podría llegar a convenirle, al país claro está, en un futuro cercano. Las noticias falsas inundan los medios y las redes sociales. Ese toma y daca del sistema, ya de por sí cuestionado y vergonzoso, se ha transformado en el toma todo de la perinola y, si es posible, sin poner nada. Y la sorpresa no descansa en un país como Argentina.
Pocos sindicatos del país, y por ende muy pocos dirigentes, salen a salvo de la sospecha continua y permanente que se va desprendiendo de sus acciones y forma de actuar. Cuando no es la corrupción deliberada por medio de los recursos que manejan, lo es la connivencia con empresarios o funcionarios de gobierno con los que negocian de forma constante. Pocas, muy pocas veces, los dirigentes de los sindicatos altamente cuestionados son movilizados por la inteligencia al momento de dirimir un conflicto con la patronal, sea esta un privado o el propio Estado. Quizás el ejemplo de consenso e inteligencia en materia de negociación entre empresas y sindicatos haya sido el de los petroleros, quienes lograron hace unos cuantos meses ponerse de acuerdo en las líneas generales de un reglamento a cumplir por todos para explotar, por caso, los recursos gasíferos y petrolíferos de Vaca Muerta, en Neuquén. Un acuerdo que se sobrepuso a una rígida Ley de Contrato de Trabajo, que no sólo la superó en cuanto a su actualización y a los nuevos códigos que rigen en las relaciones laborales del mundo moderno, sino que permitió hacer crecer en decenas de miles los puestos de trabajo.
Pero, lo de Vaca Muerta parece ser una excentricidad en la Argentina de hoy. Los gremios con mayor visibilidad en Argentina son, casualmente, aquellos envueltos en los mayores conflictos. Sus exponentes, los dirigentes que están a la cabeza de tales organizaciones, se mueven como los propios dueños de las mismas, y, también, así lo suelen demostrar quienes tienen el futuro de sus asociados –o rehenes en muchos casos– en sus manos.
El líder de los camioneros a nivel nacional, Hugo Moyano, denunció en las últimas horas a Adrián Suar y a la productora Pol-Ka por la serie El Tigre Verón, una tira de ficción basada en la historia de un sindicalista que utiliza, en su accionar, métodos muy parecidos a los del camionero y que ha comenzado a difundirse algunos días atrás por un canal de aire y por el cable. La denuncia dio pie a comentarios varios en las redes sociales, a tal punto que un usuario de Twitter escribió que “Hugo Moyano se declara culpable y demanda a Adrián Suar por El Tigre Verón. Lo que no logró el Poder Judicial lo hizo un programa de TV”.
Es decididamente notable cómo Daniel Llermanos, el abogado de Moyano, defendió a su cliente sin demasiados reparos sobre lo que llegó a manifestar públicamente. Llermanos dijo que “ya no alcanza con las fake news, ahora se hacen ficciones de muy mala fe, violando posiblemente los derechos patrimoniales: porque uno puede hacer la vida de Rodrigo, pagándole a la familia si está de acuerdo, ajustando el guion. Y luego sale bien o mal, como pasó con la de Gilda, por ejemplo. Hacer la vida de la familia Moyano, diciendo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… acá, la coincidencia es tan grande que es una copia. Lo que se pretende decir y mostrar es falso”, sostuvo el abogado.
La serie no habla de Moyano, claramente. Pero, copia de la realidad los mismos métodos de Moyano, como la toma de las fábricas, la extorsión, la violencia, los tiros, los palos y las amenazas. Se trata de los métodos del Tigre Verón, un sindicalista del rubro de la carne. En su declaración, Llermanos siguió argumentando a favor de Moyano con dichos como estos: “No puedo hacer la vida de Moyano ni nadie sin consentimiento y menos en época de veda política, para desacreditarlo porque es un hombre de la vida pública y tratar de quitarle votos a la oposición”.
Cristina Fernández, en su ya famosa intervención de Mar del Plata, en aquella en la que habló de la “pindonga” y el “cuchuflito”, también se dio tiempo para hacer un comentario sobre la serie de Suar cuando sostuvo que siempre en épocas preelectorales en los medios se emiten series o notas que desacreditan a sindicalistas, en obvia referencia a la tira de Pol-Ka.
Moyano está siendo investigado en varias causas por el manejo sospechoso de las cuentas del sindicato, por el de los fondos de la obra social y por otras que tienen que ver con la administración de Independiente de Avellaneda, del que es presidente. Son varios los gremios enfrentados con el gobierno de Mauricio Macri. Lo que no debiese resultar extraño, si se quiere, en la siempre sensible relación entre sindicatos, Gobierno, empresas y política. El punto es que el enfrentamiento es deliberadamente ideológico y muchas veces se pasa a asumir actitudes peligrosamente destituyentes. Días atrás, el líder de APLA, el gremio que representa a los pilotos de las líneas aéreas, Pablo Biró, llamó en un encuentro a voltear el gobierno de Macri. Días después dejaría a millones de pasajeros de Aerolíneas sin poder tomar sus vuelos cuando protagonizó una protesta salvaje a horas de iniciarse un feriado largo en el país. Ayer ordenó a los pilotos leer una proclama en contra del Gobierno en todos los vuelos por la política aerocomercial que lleva adelante el Ejecutivo, violando las medidas de seguridad y el Manual de Procedimientos de Aerolíneas.
En épocas de odio y resentimiento, como las que alimentan ese fracaso social de la grieta política, pedir inteligencia y sensatez en las relaciones entre quienes protagonizan la vida pública y política del país parece ser una idiotez.
