En la última década se registraron 3.408 sismos en Mendoza. De estos, 11 fueron entre moderados y fuertes, de una magnitud de 5 a 6 en la escala de Richter; y de una intensidad de III a VI en la escala de Mercalli, de grado leve a fuerte.

El mayor de estos, de magnitud 6, tuvo una profundidad de 14 kilómetros. Se sintió el 19 de noviembre del 2019, a las 20.10. Su epicentro fue a 77 kilómetros al sudoeste de la ciudad de San Luis, 198 kilómetros al sudeste de la Ciudad de Mendoza y a 60 kilómetros al sudeste de la localidad de Paz.

De hecho se llegó a percibir en Santa Fe y en Buenos Aires. También en Córdoba, San Juan y Neuquén, entre otras ciudades. Ese mismo día, hubo una réplica de 4,4 y otra de 3 en la zona. Rápidamente, en las redes sociales se viralizaron videos y comentarios del movimiento.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Prevención Sísima (INPRES), el año pasado se produjeron 408 movimientos telúricos- la misma cantidad que en 2017- y 14% más que en 2018, donde hubo 358. En tanto, en 2016 se dieron 370 temblores; 371 en 2015 y 349 en 2014. 

De los terremotos históricos ocurridos en la provincia, el más reciente se dio el 10 de diciembre de 2008. La intensidad fue de VI grados Mercalli y se reportaron daños en las construcciones en la localidad de Potrerillos. En la ciudad y departamentos de Mendoza, fue más débil.

Según el INPRES, “la ocurrencia de grandes terremotos durante el siglo XX y XXI se ha mantenido relativamente constante. La sensación de que hay en la actualidad más cantidad de eventos sísmicos, se debe a que los avances tecnológicos han permitido localizarlos y caracterizarlos con mayor exactitud; esto está vinculado al aumento en la instalación de estaciones sismológicas en todo el mundo y a los avances en comunicaciones y adquisición de datos”.

Como consecuencia, en tiempos ulteriores a 2011 el número de movimientos registros que consigna el organismo es marcadamente inferior. Sólo en 2012, y gracias a la tecnología, se pudieron documentar 589 temblores.

Asimismo, el Instituto busca recalcar en cada una de sus publicaciones que no existe relación alguna entre el tiempo atmosférico y los temblores. Los terremotos son el producto de procesos geológicos que se originan en el interior del globo terrestre. Pueden ocurrir en cualquier momento del año, independiente de los cambios estacionales. No están afectados por fenómenos como viento, lluvia, temperaturas y/o presión.

Tampoco influyen o cambian el tiempo; sí pueden, junto a procesos tectónicos, cambiar la topografía de los terrenos. Estos cambios están en relación directa con la profundidad del foco o hipocentro y con la energía liberada por el sismo.