Cristina Fernández y Máximo Kirchner y los líderes opositores Mauricio Macri, Alfredo Cornejo y Elisa Carrió confluyen hoy en un mismo punto. Tienen una necesidad en común: la realización de las PASO para ordenar la disputa de poder de este 2021 pandémico en suelo bonaerense, el epicentro de la disputa de poder de la Argentina.

Se sabe: la mayoría de los gobernadores oficialistas junto a dos opositores reclaman la eliminación “excepcional” de las Primarias. En público, declaman argumentos sanitarios y presupuestarios. En privado, sólo hablan de la estrategia electoral. En un contexto económico adverso, las PASO pueden jugar a favor de los opositores. Un traspié en la interna, la expresión del descontento social, se vuelve un grito de furia en las Generales. Todos los jefes distritales lo saben.

El reclamo por la supresión de las Primarias abrió grietas transversales que dejaron enfrentados a la mayoría de los gobernadores con la familia Kirchner y los líderes opositores. Acudieron a Alberto Fernández para intentar satisfacer su demanda. Se dejaron llevar por la poesía del federalismo y de la unidad del Presidente con los 24 gobernadores. Entendieron rápidamente que están atados a una estrategia electoral que no les pertenece. No sólo los gobernadores.

En la alianza de gobierno, Máximo Kirchner es el principal detractor de la reforma electoral. Su motivo es claro: necesita a las PASO (o la amenaza de las Primarias) para avanzar en la construcción territorial bonaerense y dentro de cada distrito. No se trata de quedarse con la burocracia del PJ, sino de lograr las candidaturas para su espacio en cada municipio del conurbano. Apuesta por arriesgarse a competir o a ganar en la negociación.

El caso de la mendocina Anabel Fernández Sagasti explica muy bien la estrategia del diputado. En una década, pasó de ser la adversaria minoritaria interna a quedarse con la conducción del PJ provincial de la mano de La Cámpora. La senadora derrotó en las urnas al peronismo tradicional hasta que logró el poder suficiente como para sentarlo a negociar. Máximo tiene ese poder.

“¿Quieren evitar los contagios? Les ofrecemos correr las PASO hasta que los grupos de riesgo estén vacunados”, explica un dirigente del Frente de Todos en la Casa Rosada. Desde la oposición leyeron esa alternativa como estrategia para alejarse un poco de la crisis. “¿Te creés que en un mes la cosa puede cambiar mucho? Lo mismo se dijo en 2009 cuando Néstor adelantó el calendario, supuestamente para anticiparse a la crisis que se venía. Nos ganaron igual”, argumenta.

Lo cierto es que la posibilidad de aplazar algunas semanas el calendario es, sobre todo, un mensaje de Máximo Kirchner a los gobernadores para contrarrestar, en público, el argumento sobre el riesgo sanitario que implica el desplazamiento electoral duplicado.

Otra alternativa sanitaria y económica podría ser la implementación de la boleta única de papel que supone un menor despliegue logístico con pequeñas cabinas de votación en lugares amplios o abiertos. La eliminación de las listas sábana por partido podría representar un ahorro de unos 3 mil millones de pesos. Pero esa alternativa, que apunta a disminuir la opacidad electoral y reducir costos, no está en la agenda. La discusión es sobre el poder.

Aún con una posición común dentro del Frente de Todos, ya sea para alterar el calendario o suspender las Primarias, el oficialismo requiere de un amplio acuerdo con la oposición para llegar a la mayoría absoluta de los votos de ambas cámaras del Congreso como requiere la reforma de cualquier ley electoral. Es un trabajo sencillo para el Senado, pero una tarea compleja en Diputados, donde la oposición también está fracturada.

Los radicales Gerardo Morales y Gustavo Valdes buscan cuidar sus territorios y se sumaron a la estrategia de sus colegas peronistas. La cúpula de Juntos por el Cambio ya les avisó que para ellos eliminar las PASO no es una posibilidad. El motivo es el mismo que tiene Máximo Kirchner: la estrategia bonaerense.

Así lo explica un integrante de la mesa nacional de la coalición opositora: “Sin un eje de poder, como el que representaban Macri y Marcos Peña en 2017, las PASO son la única manera de ordenar la interna entre el sector de Patricia (Bullrich) que apuesta a consolidar el 40% de 2019 profundizando la grieta y el espacio que conforman (Martín) Lousteau, María Eugenia (Vidal) y Horacio (Rodríguez Larreta) que pretenden ampliar los márgenes de Juntos por el Cambio”.

Cornejo, que tiene aspiraciones nacionales, ya le hizo saber a sus socios del Comité Nacional de la UCR que la prioridad es la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal, donde Rodríguez Larreta apuesta a vencer a la presidenta de su partido, Bullrich. “En 2015, la interna con Gabriela (Michetti) me fortaleció”, dice el jefe de Gobierno.

“La mitad de las 60 bancas que ponemos en juego pertenecen a la provincia o a la Ciudad de Buenos Aires. Morales y Valdes saben que no podemos anteponer los dos o tres lugares que renuevan Jujuy o Corrientes”, confiesa el dirigente de Juntos por el Cambio. Habla por su espacio, pero también por sus adversarios.

De las 127 bancas de la Cámara baja que están en juego, 35 pertenecen a la Provincia de Buenos Aires. Esa es la batalla que define la mayoría en la Cámara de Diputados que condiciona, por ejemplo, cualquier sueño de reforma judicial, como reclama Cristina Fernñandez.

El calendario electoral de 2021 para todo el país estará atado a la interna opositora en el AMBA y a la negociación de la familia Kirchner con los jefes territoriales del PJ que todavía la resisten. No hay sorpresa: el nuevo federalismo de Alberto Fernandez también empieza y termina en el Conurbano.